ASOCIACIÓN DE ESTUDIANTES Y CREADORES
COLOMBIANOS EN FRANCIA
COLCREA
DECIR NO A LA PENA DE MUERTE¡ (I entrega)

La "quimera" de la pena de muerte. Su Inutilidad e Inconveniencia para la Multitud.

Por Alberto Bejarano

 

 

 

 

 


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¡DECIR NO A LA PENA DE MUERTE¡ (I entrega)

La ´´quimera´´ de la pena de muerte. Su Inutilidad e Inconveniencia para la Multitud.

Par Alberto BEJARANO(1)
otrasinquisiciones@hotmail.com

ABSTRACT

En esta primera entrega, pretendemos plantear una serie de preguntas sobre la inutilidad e inconveniencia de la pena de muerte para la Multitud. Para ello, es necesario distinguir entre seguridad del Estado y seguridad de la Multitud. Lo primero que hay que advertir es que no siempre se aplica la pena de muerte para proteger a la Multitud sino apenas para garantizarle a un Soberano, -democratico o no-  su permanencia en el poder, como lo ha mostrado muy bien en su época Maquiavelo. Expondremos brevemente cual es el origen de la pena de muerte en las sociedades antiguas y modernas, apoyandonos en autores como Hobbes y Spinoza, y en un artículo inédito en español del sociólogo francés Emile Durkheim, para luego, en una futura segunda entrega, detenernos a reflexionar sobre el caso colombiano.
Interrogarse por la pena de muerte es preguntarse por la razón de ser de la democracia moderna, y la supuesta oposición entre civilización y barbarie. La modernidad supone, al menos en principio, el transito hacia formas de derecho que moderen las conductas consideradas ´´barbaras´´ de los individuos (¿y de los Estados?). En ese sentido, podriamos preguntarnos si la pena de muerte, incluso antes de saber si es util o conveniente, es un signo de Modernidad o de Barbarie. O quizá sea sólo una suerte de ´´Quimera´´, una mezcla de civilización y barbarie, también en el sentido griego del término[2].

Palabras claves: filosofía; Spinoza; Hobbes; Durkheim; historia de la pena de muerte en occidente.

Introducción.

´´ ...Para los pueblos primitivos, el crimen consiste casi siempre en no seguir las prácticas de culto, en violar las prohibiciones rituales, en apartarse de las costumbres de los ancestros, en desobedecer a la autoridad, allí donde está mejor constituida.[3]´´.

Comenzamos este artículo con una cita de Durkheim para mostrar hasta que punto la pena de muerte esta emparentada con el respeto a la autoridad. Nuestro punto de partida esta dado pues por el recurso de la duda: ¿toda autoridad es legitima y deben acatarse por completo cualquiera de sus acciones? ¿dicho concepto de legitimidad puede fundarse solamente en la legalidad de una decisión política? En Colombia, hasta la Constitución de 1991 ese fue el principio motor de las instituciones políticas, en especial de la aplicación de la pena de muerte entre 1886 y 1910, y de la declaratoria del estado de sitio[4].
Apoyandonos en el estudio de Durkheim: ´´dos leyes de la evolución penal´´ nos interesaremos desde lo cuantitativo y lo cualitativo, por la pena de muerte, introduciendo elementos teóricos que serán de gran utilidad y conveniencia para decir no a la pena de muerte en Colombia, en una futura entrega.

I Origen y sentido de la pena de muerte en la antiguedad y en la Edad Media.

Basándonos en un estudio exhaustivo del sociólogo francés Emile Durkheim sobre la relación entre pena de muerte y civilización, nos acercaremos al origen de la pena de muerte en occidente y contemplaremos su evolución.

 

En el estudio de Durkheim se muestran ampliamente los diferentes aspectos de la relación entre criminalidad y penalidad en las sociedades antiguas. Así: ´´en un buen número de sociedades antiguas, la muerte no constituye en si misma la pena suprema; la pena se agrava, en función de los crimenes reputados como los más atroces,  a través  de suplicios adicionales que tienen como objeto hacer la muerte más temible. Por ejemplo, los egipcios, aparte de la horca y del deshollamiento, la muerte en la hoguera, el suplicio de las cenizas, la puesta en cruz. En la pena del fuego, el verdugo comenzaba realizando incisiones en las manos del culpable, y luego la victima era acostada sobre un fuego de espinas y quemada viva... aparte de estas mutilaciones características, toda clase de castigos corporales eran habituales en estos pueblos. Las penas de este tipo eran con frecuencias aplicadas por los jueces de una manera arbitraria.´´[5]

Resaltaremos sobre todo lo mencionado en la última frase: ´´ Las penas de este tipo eran con frecuencias aplicadas por los jueces de una manera arbitraria´´. Durkheim se refería a los pueblos antiguos... 

Aunque común en los pueblos antiguos, la pena de muerte está ligada a la historia del judeo-cristianismo, a través de la flagelación y crucificción de Cristo, las Cruzadas y la Conquista y el genocidio de América, para solo tomar tres ejemplos significativos. Como lo recuerda Durkheim: ´´...con los textos rabinicos aparecieron las penas con fuego, la decapitación, y el estrangulamiento... En cuanto a otras penas corporales, se reducían a la flagelación, y eran aplicadas a una gran cantidad de delitos, pero el máximo de azotes era 40 golpes, aunque en la práctica solo se aplicaban 39...[6]´´

 


Lo que es significativo en el estudio de Durkheim es la relación de poder que establece: a mayor absolutismo, mayor severidad en las leyes penales. ¿A mayor severidad penal, menos delito? No hay ninguna ley científica que pueda probarlo, pero si hay muchos estudios psicológicos, sociológicos, históricos y sobre todo literarios que muestran lo contrario[7].


 

El absolutismo es el fin de la República. En este sentido hay un tema que merece mayor atención: la caída de la República Romana coincide con la aplicación de la pena de muerte. Un signo de decadencia de una democracia es alejarse cada vez más de los principios civicos y aferrarse más a lo puramente militar. Como lo indica Durkheim: ´´ Pero cuando, en la época imperial (de Roma), el poder gubernamental se convirtió en absoluto, la ley penal se agravó. Primero, los crimenes capitales se multiplicaron. El adulterio, el incesto, toda clase de atentados contra las costumbres, pero sobre todo el aumento de crimenes de lesa- majestad fueron castigados con la muerte. La hoguera, que estaba reservada para crimenes políticos excepcionales, fue empleada contra los incendiarios, los sacrilegos, los magos, los parricidas y otros crimenes de lesa- majestad; la condena ad opus pubicum fue establecida, las mutilaciones aplicadas a ciertos criminales (por ejemplo, la castración por ciertos atentados contra las costumbres, la mano cortada para los usureros, etc). En fin, la tortura hizo su aparición; el período del Imperio, inspirará más tarde el Medioevo[8]´´. 

Cuando Durkheim se detiene a analizar la pena de muerte en la Edad Media, no sin cierto dejo de ironía nos dice: ´´ Sería un error juzgar la ley penal, en el régimen feudal, bajo la reputación de atrocidad que conserva la Edad Media... Los crimenes capitales no eran muy numerosos. Según Beaumanoir, los unicos hechos realmente sin expiación eran el asesinato, la traición, el homicidio, la violación. Los establecimientos de San Luis le agregaron el rapto, el incendio. Estos eran los principales casos de alta justicia. Sin embargo, aunque el asalto no fuera calificado como tal, era en la práctica visto como un crimen capital. Pasaba lo mismo con dos delitos más, que eran considerados como particularmente graves frente a los derechos del señor feudal: los abusos de los mercaderes, y los delitos de interrupción de los caminos (volcamiento, con violencia, de los puestos de peaje). En cuanto a los crimenes religiosos, los unicos reprimidos con el último suplicio eran la herejia y la falta de creencia... En cuanto a las penas como tal. No tenían nada de especial. Las unicas causales de gravedad adicional de la pena de muerte consistian en ser arrastrado sobre una paja ardiente, y el ser quemado vivo. Las mutilaciones eran escasas[9]´´


 

Más proximos a la Modernidad, progresivamente la pena de muerte va a incluir más delitos y su aplicación va a contemplar una larga serie de castigos corporales complementarios. Así: ´´Esta fue a grandes rasgos la situación hasta el siglo XVI. A partir de ese momento, el poder real se estableció solidamente. A medida que se consolidaba, vemos la pena reforzarse. Primero los crimenes de lesa- majestad, que eran desconocidos en el feudalismo, hacen su aparición, y la lista crece. Los crimenes religiosos son calificados de la misma manera. El sacrilegio se convierte en un crimen capital. Lo mismo pasa con el simple hecho de comerciar con los infieles, con toda tentativa ´´ por hacer creer o defender cualquier cosa que sea contraria a la santa fe de nuestro señor´´. Al mismo tiempo, un mayor rigor se manifiesta en la aplicación de las penas. Los culpables de crimenes capitales pueden ser arrastrados por carros (es entonces donde aparece el suplicio de las ruedas de los carros), enterrados vivos, deshollados, despellejados vivos, quemados. En algunos casos, los niños del condenado sufrían el mismo castigo.[10]´´

II Origen y sentido de la pena de muerte en la Modernidad.

´´ El apogeo de la monarquia absoluta marca el apogeo de la represión. En el siglo XVII, las penas capitales vigentes eran aun las que acabamos de enumerar. Además, una pena nueva, la de las galeras, se constituyó, pena a tal punto horrible que los infortunados condenados, para escapar, se cortaban un brazo o una mano. El hecho era tan común que fue castigado con la muerte por una declaración de 1677. En cuanto a las penas corporales, son innombrables: el arrancar o perforar la lengua, la absición de los labios, el arrancar las orejas, el marcar con fuego caliente, el azotar con palos, con fuetes, con cadenas, etc. En fin, no hay que olvidar que la tortura era con frecuencia empleada, no solamente como un procedimiento sino como una pena. Al mismo tiempo, los crimenes capitales se multiplicaron porque los crimenes de lesa- majestad se hicieron más corrientes[11].´´


 

Para Durkheim la progresiva abolición o disminución de aplicación de la pena de muerte en Occidente se debe a la aparición de las prisiones modernas. La prisión va a convertirse a partir del siglo XVIII en el medio más usual de castigo. Sin embargo, aun cuando en la antiguedad muy poca noticia se encuentre sobre las prisiones como penas, algunos trazos pueden hallarse, por ejemplo, en Grecia. Según refiere Durkheim: ´´ En la Polis, las prisiones comenzaron a aparecer. Contrariamente a lo que dice Schoemann, al parecer en Atenas, en algunos casos, la prisión era inflingida a titulo de pena especial. Demostenes dice formalmente que los tribunales tiene el poder de castigar con prisión o con otra pena. Sócrates habla de la detención perpetua como una pena que puede serle aplicada. Platón, esbozando en sus Leyes, el plan de la Polis ideal, propone reprimir con la prisión, un numero suficiente de infracciones y sabemos que su utopia es más próxima de la realidad histórica de lo que se supone a veces. Sin embargo, todo el mundo reconoce que en Atenas, este género de penas se desarrolló muy poco. Con frecuecia, en los discursos de los oradores, la prisión es presentada como un medio de impedir la fuga de los acusados o como un  procedimiento comodo para obligar a ciertos deudores a pagar sus deudas, o como un suplemento de la pena. Cuando los jueces se limitaban a imponer una multa, tenían también el derecho de agregar una detención de cinco días, con cadenas en los pies en la prisión pública[12]´´

Para tener un panorama más completo de las significaciones modernas de la pena de muerte en Occidente, vayamos a la Europa del Siglo XVII, y al período conocido como la ´´guerra de religiones´´ entre católicos y protestantes. Guerras tanto internacionales (guerra de los treinta años) como nacionales (la revolución sagrada en  la Inglaterra de Cromwell en 1649; las guerras civiles en Francia bajo la regencia de Ana de Austria y los cardenales de Richelieu y Mazarin). Es el tiempo que le correspondió vivir al filósofo inglés Thomas Hobbes. Para Hobbes, es indispensable que Europa recobre la paz y para ello considerará necesario el establecimiento de un Estado Absoluto o Leviatán que garantice por encima de todo, -y de todos- la seguridad del Reino. ¿Seguridad del Reino debe entenderse como seguridad para la población en su conjunto? Hobbes responderá que el único que tiene derechos es el Soberano y que los subditos entregan todo su poder natural de actuar al Leviatan para que este protega sus vidas, aun a costa de sus propias vidas. El soberano está por encima de la Ley, y los subditos por debajo de ella. El soberano puede cambiar o violar en todo momento cualquier ley con el pretexto de proteger la seguridad del Reino.

Pero ¿y quién es dicho Leviatan? Apenas un Hombre más, solo que de origen real y no plebeyo. Por lo tanto, al ser un Hombre está expuesto a todo tipo de pasiones. El mejor ejemplo de las ideas de Hobbes lo encontramos en el reinado de Luis XIV. 

La pena de muerte esta ligada en su concepción moderna al delito de ´´lesa majestad´´, atentar de pensamiento, palabra, obra y omisión la dignidad del Soberano. La autoridad del Soberano es inviolable.

 

La falsa creencia en la ´´seguridad´´ como la razón de ser de las instituciones proviene de la idea hobbesiana de desconfiar profundamente de los individuos y de las comunidades. Spinoza no controvierte la importancia de la ´´seguridad´´ como el primero de los objetivos del Estado, pero no está dispuesto a confiar de la misma manera en el estado que en los individuos o las comunidades. Para Hobbes, es absurdo siquiera plantear la idea de una ´´neutralidad´´ de la sociedad civil, o de una separación de esferas entre estado y comunidad, porque el individuo debe entregarse completamente al estado, y porque la ley protege sobre todo al soberano y no al súbdito. Para Spinoza, quien cree en una posible bondad de los individuos, el sentido de la vida de los hombres no es simplemente salvar su vida, sino la búsqueda de la felicidad. A través de la fuerza de las pasiones felices se llegaría a tal estado. De allí, que Spinoza rechace abiertamente el recurso a la violencia, y que su obra más importante sea la Etica. Spinoza es un precursor de los derechos humanos y un vivo opositor a todas las formas de violencia distintas a las que tienen que ver con la conservación del propio ser o de una legitima defensa. A Hobbes le interesa penalizar los delitos de lesa-majestad. A Spinoza le interesan, -pero no de cualquier manera, no a través de la violencia- los delitos de lesa-humanidad. Hobbes es el pensador de la pena de muerte en la modernidad. Spinoza es el pensador de la afirmación de la vida.

Conclusiones parciales

En esta primera entrega, nos aproximamos a la problematica de la pena de muerte desde un punto de vista histórico y filosófico inactual, lo que significa para nosotros, partir de una reflexión filosófica spinoziana, ajena a conceptos como culpabilidad o moralidad y entender la pena de muerte como una expresión pre-moderna de la política que, si bien aun presente en algunas sociedades contemporaneas, -democraticas o no-, basandose en los planteamientos de Thomas Hobbes, supone que la aplicación de la fuerza por parte del Estado cumple la función de disuadir a los subditos de actuar con violencia. Recordando que para Hobbes los hombres viven en un estado de naturaleza, donde el hombre es lobo del hombre y la única manera de garantizar la paz es a través del transito hacia un estado político donde el Soberano solo tiene un deber: el mantenimiento de la seguridad del Estado y los subditos carecen de derechos.

O en otras palabras, nos preocupamos por estudiar lo que el filósofo francés Michel Foucault[13] llamara, refiriendose a la Europa del siglo XVIII: una ´´sociedad de disciplina´´: hacer vivir y hacer morir. Todo el poder para el Soberano¡ Todo el poder para el Soberano, incluyendo el derecho a disponer de la vida de los ciudadanos. Para comprender mejor los debates sobre la pena de muerte requerimos entonces adentrarnos un poco en su genesis, y acercarnos a la Europa de las guerras de religión (s XVII) y contraponer dos visiones diferentes de lo político: la de Hobbes y la de Spinoza.

Para terminar retomemos las palabras de Durkheim a proposito de la relación entre autoridad y pena de muerte. De la cita que reproducimos a continuación, destaquemos la importancia de desconfiar de las autoridades mesianicas y personalistas que pretender confundir el Estado con su propio nombre y que se niegan a aceptar la(s) diferencia(s) entre Estado y Sociedad Civil. Del creer que pueden existir gobernantes omnipotentes y del permitirles tener cada vez más poder sobre los ciudadanos, se desprende un aparente permiso para que un Gobernante aumente ilimitadamente su autoridad y pretenda elevarse por encima de la Sociedad, mostrandose como un ´´salvador´´ o como un hombre indispensable...


 

´´ En efecto, la constitución de un poder absoluto tiene necesariamente como efecto el de elevar a aquel que lo detenta por encima del resto de la humanidad, y de convertirlo en algo sobrehumano, y esto aumenta en la medida en que el poder dispone de más armas y es más ilimitado. De hecho, por doquier donde el gobierno tome esta forma, el que ejerce dicho poder, se le presenta a los otros hombres como una divinidad. Cuando no hace un dios especial, se ve al menos en la potencia de la cual esta investido una emanación de la potencia divina. A partir de allí, esta religiosidad tiene sobre la pena, efectos ordinarios. De una parte, los atentados dirigidos contra un ser tan sensiblemente superior a todos sus ofensores no seran considerados como crimenes ordinarios, pero como sacrilegios, y a ese titulo, serán violentamente reprimidos. De allí viene, que en todos los pueblos sometidos a un gobierno absoluto, el rango excepcional que el derecho penal asigna a los crimenes de lesa- majestad. De otra parte, como en esas mismas sociedades casi todas las leyes son hechas por el soberano y exprimen sus voluntades, es contra él que parecen dirijidas las principales violaciones a la ley. La reprobación que esos actos despiertan es aun más intensa que si la autoridad a la cual atacan estuviera dispersa, y por lo tanto fuera más moderada. Lo que se ha conseguido, al volverla más intensa, es hacer más violenta las reacciónes contra los ofensores. Así es como la gravedad de la mayor parte de los crimenes de encuentra hiperdimensionada en varios grados: en consecuencia, la intensidad media de las penas es extraordinariamente reforzada[14].´´

Así como en decadas pasadas en nombre de una lucha contra el ´´enemigo interno´´ se cometieron toda suerte de crimenes de lesa-humanidad, torturas, desapariciones, asesinatos legales y extralegales, y América Latina vivió durante años, casi siglos, dictaduras de todo color y filiación, ahora se habla de un ´´enemigo invisible´´: el terrorismo. Cualquier acción crítica hacia un gobernante tiranico siempre ha sido vista como sospechosa y como un peligro para la estabilidad de un regimen. Y ya sabemos, por lo menos desde Moliere y Velasquez, que lo invisible a veces tiene mucho que ver con lo imaginario...los interesados pueden leer la Obra de Moliere, ´´el enfermo imaginario´´ y ver la pelicula V de Vendetta...




[1] Politologo Universidad Nacional. Master en filosofía Universidad Paris 8. Doctorando en filosofía Universidad París 8. Docente- investigador de la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas de la Universidad Externado de Colombia.

[2] Una ´´quimera´´ alude a criaturas de naturaleza mixta. Animales que pueden tener rasgos de reptiles y mamiferos al mismo tiempo.

[3] Durkheim, ´´Dos leyes de la evolución penal´´, en Journal Sociológico, p 266

[4] Antes de la Constitución de 1991, la declaratoria del estado de sitio solo requería de la firma del presidente y de todos los ministros para ser legal y por consiguiente legitima. Aun cuando existia una revisión constitucional de la Corte Suprema de Justicia, esta se preocupaba solo por la legalidad de la firma de los ministros. Recordemos que en un regimen hiperpresidencialista como el colombiano, los ministros son de libre nombramiento y remoción, lo que quiere decir que un Presidente siempre puede contar con la firma de los ministros sin mayores inconvenienes, pues puede en cualquier momento y sin necesidad de dar explicaciones en las Cámaras, remover sus ministros de sus cargos y nombrar nuevos funcionarios que previamente hayan afirmado su voluntad de firmar un decreto.

[5] Durkheim, ´´Dos leyes de la evolución penal´´, en Journal Sociológico, p 252.

[6] Durkheim, ´´Dos leyes de la evolución penal´´, en Journal Sociológico, p 254

[7] para accercarse a la complejidad de los crimenes y de los criminales, un corto itinerario podría llevarnos a leer ´´el diario de Raskolnikov´´ de Dostoievski, ´´el tema del heroe y el traidor´´ de Borges, ´´el proceso´´ de Kafka, ´´diario de un condenado a muerte´´ de Victo Hugo, ´´muerte accidental de un anarquista´´ de Dario Fo, ´´historia cómica´´ de Anatole France, o incluso ´´el retraro de Dorian Gray´´ de Oscar Wilde...

[8] Durkheim, ´´Dos leyes de la evolución penal´´, en Journal Sociológico, p 255

[9] Durkheim, ´´Dos leyes de la evolución penal´´, en Journal Sociológico, p 256

[10] Durkheim, ´´Dos leyes de la evolución penal´´, en Journal Sociológico, p 257

[11] Durkheim, ´´Dos leyes de la evolución penal´´, en Journal Sociológico, p 262

[12] Durkheim, ´´Dos leyes de la evolución penal´´, en Journal Sociológico, p 268

[13] Ver sobre todo el libro: ´´hay que defender la sociedad´´, FCE, 2001.

[14] Durkheim, ´´Dos leyes de la evolución penal´´, en Journal Sociológico, p 269