ASOCIACIÓN DE ESTUDIANTES Y CREADORES
COLOMBIANOS EN FRANCIA
COLCREA

Éxodo, migración y
desplazamiento

 

 

 

 

 


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L'inmigration des Colombiens en France
ANNE GINCEL (IEDES - Paris 1)

 

 

 

Licuadoras, diásporas, éxodos,globos
Eduardo García Aguilar

I
La globalización permanente

La historia de la humanidad es un proceso paulatino de globalización permanente. A partir del primer pitecántropo hasta los hombres de hoy se ha tejido una red extraordinaria de avances e intercambios incesantes en materia cultural y técnica, agenciados siempre por la sangrienta voluntad dominadora de sucesivos imperios teocráticos. Desde los valles africanos hasta los desiertos y oasis del Oriente Medio, desde el Eufrates y el Tigris hasta las tierras ibéricas, galas, celtas, nórdicas germanas, americanas, africanas, asiáticas, las islas polinesias, los hielos de Siberia, el estrecho de Behring y América toda desde Alaska hasta la Patagonia, el homo sapiens ha estado en permanente movimiento, viaje, guerra y mutación: en fin de cuentas, en estado de permanente e ineluctable globalización.

El hombre escapó de sus iniciales terruños y se aventuró por selvas, montañas, desiertos y mares hasta el más allá, hasta lo desconocido. En ese proceso el hombre habló miles de lenguas y dialectos que desaparecieron y se fundieron para crear otras hablas, que mezclándose de nuevo desaparecieron para resurgir convertidas en nuevas lenguas llenas de pasado. Y a su vez el hombre se mezcló en coitos incesantes creando nuevas razas, tonos de piel, miradas, pieles, de manera que las más cerradas tribus terminaron por abrir su puertas para mezclarse. El más duro proteccionismo sexual ordenado por las autoridades fue vencido por el deseo. El más obstinado plan conservador y proteccionista en el campo del amor fue roto: ninguna tribu, raza, país o continente resistió a la pulsión mestiza, que por fortuna hoy sigue con la misma celeridad y violencia de los tiempos iniciales.

Cuando una nación se acaba, cuando una tribu es finalmente seducida y se funde con otra en el goce del lecho, cuando una lengua muta y desaparece en otra, se está expresando la mejor pulsión de esta aventura globalizadora del hombre, que hoy asusta a tantos como en otros tiempos. Cuando una tribu descubre otros sabores, otras formas de comportamiento y las adopta, comunicando las suyas a la tribu invadida o invasora, se vive el gran proceso globalizador de todos los tiempos. De esos pueblos vivos y muertos del pasado quedan las huellas de sus nombres: egipcios, persas, chinos, indios, incas, mayas, japoneses, celtas, etruscos, asirios, griegos, romanos, judíos, árabes, fenicios, tártaros, mongoles, vikingos, andaluces, gitanos, inuits, germanos, galos, y tras ellos miles de nombres se suceden y se sucederán por los siglos de los siglos hasta el fin de este planeta. Pueblos al mismo tiempo devoradores y devorados, depredadores y depredados.

Toda gran literatura es de éxodo: los grandes relatos de las sagas indias del Ramayana, la Odisea, la Biblia, la Eneida, Las Mil y una noche, El Quijote, son el testimonio del éxodo y de la mezcla de pueblos, razas y culturas por medio de guerras, invasiones, revoluciones y contrarrevoluciones. En el idílico mundo de los aborígenes de nuestro continente, también se operaron esas fusiones: los temibles aztecas que eran tribus bárbaras y crueles provenientes del norte avasallaron pueblos y los dominaron. A su vez aprendieron de ellos y fueron vencidos por los españoles con ayuda de tribus rivales que celebraban el advenimiento de una nueva era, libres por fin del implacable yugo azteca. Los incas avasallaron también a otros pueblos. Los españoles y las potencias europeas en general se dedicaron al lucrativo negocio de la trata de esclavos y arrancaron los habitantes africanos de su tierra para traerlos al Nuevo Mundo en condiciones de crueldad extrema: cinco siglos después la sangre y cultura africanas hacen parte esencial de lo que son América Latina y Estados Unidos hoy. En Brasil, el sur de Estados Unidos y las costas caribes y pacíficas la cultura, la música y el espiritu de los negros terminó por convertirse en la identidad primordial de países enteros, como es el caso de Colombia.

De todas esas mezclas salió este Extremo Occidente (1) que somos, lleno de mixturas sin fin en la licuadora histórica: en las naos españolas venía la sangre mora, negra y judía que se mezcló aquí para fabricar a los frankensteins del occidente extremo. Arriba, más tarde, surgió ese maravilloso país que es hoy Estados Unidos, formado por los miserables de la tierra que huyeron del hambre europea para probar suerte en el Nuevo Mundo hace apenas unos siglos: irlandeses, judíos, polacos, franceses, levantinos, rusos, chinos, negros e hispanos. Europa, ella misma surgida de mezclas milenarias, habría de traer en el siglo XVIII a este Nuevo mundo las ideas de la Ilustración y el hálito revolucionario que subayace en su permanente rebeldía. Hablamos desde un Extremo Occidente mestizo y por eso en nosotros hablarán siempre a coro y oponiéndose Calibán y Ariel.

II
El origen: La licuadora colombiana

1

Para bajar de las alturas celestiales de la globalización hasta la terrenalidad del país donde nací y donde hablo, quisiera referirme a las diásporas interiores que marcan nuestra leyenda.
Colombia ha sido siempre una licuadora de diásporas y desplazamientos a lo largo de su historia sangrienta. Y como soy fruto del éxodo y la diáspora interiores, es necesario identificarse, mostrar las huellas propias, el barro, la identidad de quien habla, para no quedarse en el limbo de los grandes conceptos y las citas de adorno tan usuales en nuestra ensayística.

Puesto que el tema de hoy es " Literatura y globalización ", o tal vez con más exactitud, qué hace un escritor colombiano " fuera ", cómo se confronta a ese " fuera " ---si es que hay acaso un " afuera "--- y cómo enfrenta o percibe sus orígenes, quisiera decir que, aunque me fui de Colombia en 1974 siendo menor de edad entonces y nunca he vuelto a residir en mi país de manera permanente, jamás me he sentido " afuera " porque siempre he estado " adentro ". A lo largo de estas tres décadas en París, Estocolmo, Barcelona, Berlín, Los Angeles, San Francisco, Ciudad de México, y otras ciudades, como la tortuga que emigra por los océanos, debo reconocer que la colombianitud ha estado presente cada día en mí como la caparazón del inmutable quelonio.

¿Pero de qué trata " mi adentro "? Como casi todos los colombianos, soy el fruto bíblico de largos desplazamientos a los que estamos acostumbrados a través de los siglos. Mi familia paterna viene de Sonsón y la materna de Santa Rosa de Osos, ambos en Antioquia, de donde los bisabuelos debieron emigrar en el marco del proceso colonizador a fines del siglo XIX al oriente de Caldas, por tierras cercanas al río Magdalena y los afluentes que descendían de la cordillera occidental hacia pueblos con nombres tan deliciosos como La Dorada, Honda, Victoria, Pensilvania, Marquetalia, Samaná, en tierras pobladas desde hacía milenios por múltiples tribus indígenas que fueron diezmadas durante la primera colonización española.

Puede uno imaginar entonces historias de ancestros indios, españoles, negros o judíos perdidos en las montañas de Antioquia, de tías abuelas camanduleras y decimonónicas vestidas de negro con su rosario a cuestas en la brumosa Santa Rosa de Osos, de hombres fuertes de Sonsón atareados en la arriería, en los aserraderos o en las minas, que al final de la jornada bebían y tocaban tiple al calor del aguardiente, como bien los describe el " Cancionero antioqueño ". Luego habrán bajado por las selvas baldías del Oriente de Caldas en la gesta de la colonización antioqueña para fundar esos pueblos de montaña o de tierra caliente que nutren los relatos de la infancia. ¿Quiénes eran, qué pensaban, qué decían esos ancestros que uno busca en el " Cancionero " y en las obras de Tomás Carrasquilla? ¿En qué pensaban los abuelos Marco y Lola, el tío abuelo Alejandro, el abuelo Ramón Eduardo, la abuela Mercedes caminando por las plazas de Victoria, Marquetalia, Pensilvania o la Dorada?

Allí los habrá de encontrar medio siglo después de su éxodo la Violencia. Y como en la Biblia, verán sus casas quemadas, tendrán que huir, esconderse, atestiguar la muerte con sus terribles " cortes de franela " practicados con machete, hoy transformado en motosierra paramilitar y ejecuciones a sangre fría con arma automática. De ahí el relato incesante de los " pájaros ", escuchado en la infancia como un leimotiv, los " pájaros " que llegan al pueblo, la implacable " chulavita " conservadora (2) que llega a matar y aplanchar con sus machetes y sus gritos, violaciones e insultos. Y los relatos de alguna tía recién casada muerta por una bala perdida mientras cuida a su hijo en la alcoba que da a la plaza, huellas de heridas secretas, velorios, tíos desaparecidos, cuerpos fluyendo por las aguas de los ríos, gallinazos revoloteando, curas y obispos que incitan a perseguir opositores al gobierno, abuelos que alcanzan a sobrevivir y se extinguen sin entender qué ha pasado ni qué fue del edén de la infancia.

Surjo pues del éxodo, porque mis jóvenes padres tuvieron que huir en 1946 de La Violencia conservadora que asolaba en el oriente de Caldas y el norte del Tolima, hacia Manizales, la próspera capital de la región, donde nací en 1953 bajo el gobierno temible de los godos macabros. Todos los de mi generación somos hijos de gente desplazada, de parejas jóvenes que huyen en esos años 40 y 50 siniestros, a lo largo y ancho del país, tratando de salvar la vida y encontrar un trabajo y un remanso de paz en alguna de las metrópolis nacientes: Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Manizales, Pereira, donde pudieran diluirse y no se les mirase como forasteros. Soy fruto de esa diáspora colombiana permanente y si llevo 30 años de errancia es tal vez siguiendo el éxodo del que provengo, incluso desde antes de que zarparan las naos españolas de mis ancestros moros y sefardíes. Y si he vuelto a Europa o viajado a la India o a Marruecos y si quiero un día ir a la Antioquía bíblica, en la frontera de Turquía e Irak, es tratando siempre de explorar esos hilos imaginarios de la globalización como esencia de la aventura humana a la que me refería al inicio.

De los años de mi natal Manizales queda el recuerdo crucial de ese 20 de julio de 1969 cuando el hombre llega a la luna, y en familia, ya prósperos, observamos esa noche los pasos de Neil Amstrong y Buzz Aldrin sobre el satélite. Ese día quedaba atrás para siempre la ciudad cafetera marcada en la primera mitad del siglo XX por una generación de escritores inspirados por la ultraderecha católica francesa, bajo la mirada severa y el incesante tañido de las campanas de la gigantesca Catedral gótica de cemento armado que domina todavía la ciudad como el fósil de un animal intergaláctico.

A fines de los años 60 y comienzos de los 70 del siglo pasado, a través del Festival internacional de Teatro que se realizaba allí, se abrieron puertas a las ideas nuevas que circulaban por Europa y el continente latinoamericano, con la presencia de centenares de jóvenes y viejos dramaturgos, pintores, poetas y críticos y celebridades de la literatura continental como Pablo Neruda, Miguel Angel Asturias, y Ernesto Sábato, entre otros. Y desde las sedes del Colombo-americano y la Alianza francesa fluía el cine y la literatura modernas, por lo que desde la adolescencia ya estábamos tocados por esa sed viajera y el deseo de recorrer el mundo para palpar con propia mano la intrincada red de la cultura y el arte y sus vasos comunicantes apátridas.

Con la película Blow up vista a los 15 años, el rock revolucionario que persiste y es actual como propuesta en el siglo XXI, el viaje a través de In a gadda da vida, Janis Joplin, Jimmy Hendrix, Santana, las ocurrencias del nadaísmo nacional y Rayuela de Julio Cortázar, el mundo se veía distinto en ese 1969. Hasta allí llegaban las ideas de mayo de 1968 francés, el hippismo de High Ashbury californiano, y la ola revolucionaria encendida por la muerte del Che Guevara y de Camilo Torres, acompañada por todas las obras latinoamericanas fundamentales del momento como Canto general de Pablo Neruda, Pedro Páramo de Juan Rulfo, Paradiso de José Lezama Lima, el Siglo de las luces de Alejo Carpentier, Tres tristes Tigres de Guillermo Cabrera Infante, La ciudad y los perros y Cien años de soledad, entre otras muchas, en ediciones nuevas de las editoriales Era de México o Sudamericana de Buenos Aires. La devastadora modernidad de los años 60 con sus rupturas científicas, ideológicas, estéticas, musicales y literarias había roto las distancias y aniquilado la vieja provincia católica, patriarcal y autista.

Luego vino el viaje de la familia a Bogotá para continuar el delicioso éxodo, La Universidad Nacional de Colombia, el jardín de Freud junto a Sociología, las películas de Bergman y Antonioni en la Cinemateca del Planetario, el incendio del edificio de Avianca, el robo de la espada de Bolivar por el M-19, la exposición de Soto, la asfixia atroz bajo el gobierno del Frente Nacional, las múltiples sectas de izquierda y luego el avión de Lufthansa rumbo a la soñada Europa, en 1974, o sea el primer viaje en globo hacia y sobre lo global.

2

Ahora que estamos en el terreno de las " señas de identidad ", de nuestra " licuadora " social, cultural y literaria, no quisiera sacarle el cuerpo al toro de la literatura colombiana como lo hacen muchos escritores colombianos que cuando abordan el tema, para no mojarse, para ignorar a sus contemporáneos, terminan asestándonos una sarta interminable de citas de Milton, Byron, Hölderlin o Novalis.

¿Con que equipaje literario local partió el viajero ese febrero de 1974? ¿Cómo veía la situación de su literatura en vísperas del viaje? Aunque ahora por los efectos perversos de la globalización editorial se quiera desconocer a varias generaciones literarias colombianas incritas en esa ruptura, justo es reconocer que se partía de una sólida y entusiasta base de contacto con las literaturas mundiales, antes de que viniera a instalarse el facilismo del " realismo histérico " (3) precarrasquillano de hoy.

Hasta antes de esa explosión cultural de los años 60, expresada en Colombia en excelentes revistas literarias como Mito y Eco, la intelligentsia del país estaba conformada de manera dominante por los herederos de la autista oligarquía del altiplano, liderada desde la tumba por Miguel Antonio Caro, y sus aliados del notablato provinciano, en especial payanés, como Guillermo Valencia, cuya palabra era la única escuchada como salmodia desde los altavoces de la Avenida Jiménez con carrera séptima.

Fuera de ella sólo quedaba la tuberculosis, la marginalidad, la sífilis, Julio Florez, Barba Jacob y Osorio Lizarazo. El asesinato de Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de 1948 es simbólico porque con esa muerte la oligarquía quería acallar la voz naciente del negro, del provinciano, del plebeyo de los barrios bajos que alzaba su voz y hablaba con mayor pertinencia y brillantez que la viscosa y delincuente clase dirigente aferrada a dudosos apellidos. Pero al matar al símbolo y desatar la caja de Pandora de la Violencia, se generó un proceso que condujo a la liberación de las fuerzas intelectuales del país. Gabriel Garcia Márquez vendría a ser el símbolo máximo de este fenómeno: el muchacho escuálido y pobre de provincias que presenciaba en Bogotá el acontecimiento mayor del siglo terminaría por encarnar ese cambio y realizaría una obra rebelde que habla de esos desplazamientos y esas diásporas. Cien años de soledad es la historia bíblica del desplazamiento de la " ignara plebe " colombiana, es la increíble y triste historia del pueblo colombiano que culmina con el Premio Nobel en Estocolmo, ante la mirada envidiosa y sorprendida de nuestra desalmada oligarquía y sus babosos lacayos.

Ahora la verdadera intelligentsia del país está conformada en gran parte por nosotros los hijos y nietos de los perseguidos por la violencia de mitad de siglo XX, por los descendientes de esos desplazados víctimas de la temible " chulavita ", cuando se quiso eliminar como hoy la oposición a sangre y fuego. La vasta generación de escritores, intelectuales y luchadores sociales colombianos de las últimas generaciones, abocados desde distintos ángulos a explorar el drama del país a riesgo de su vida y bajo la amenaza de las llamadas fuerzas oscuras, surge precisamente de esa licuadora y de esa movilidad provocada por los incesantes desplazamientos de la violencia de mediados del siglo XX. Por eso ahora se fragua de manera larvada, pero visible, un nuevo proceso de retorno a los viejos statu quo político, social y literario: desde las haciendas de Córdoba, desde Bogotá o desde París o Miami, da lo mismo, algunas élites políticas, militares, paramilitares, paraliterarias y editoriales colombianas quisieran volver a acallar a ese Calibán literario múltiple que surgió de su propia Violencia y sus desplazamientos.

¿Pero cómo se dió esa contrarrevolución del " realismo histérico " precarrasquillano en la literatura colombiana? Desde hace poco los representantes de esa " paraliteratura " fueron lanzados con éxito de ventas y de crítica como los salvadores de la literatura local, con una narrativa autista, de escándalo, autobiográfica y neocostumbrista, descuidada, pre-vargasviliana y pre-carrasquillana, llena de sicarios, putas, efebos, asesinos y narcos, que ellos proponen como el gran descubrimiento y el tiro de gracia para el " realismo mágico " y su líder García Márquez. Descubrieron así el agua tibia y desde entonces se pavonean a diestra y siniestra cacareando el nuevo invento y matando o queriendo matar al resto de escritores colombianos.

La sicaresca y otras variantes periodísticas y guionísticas de la misma, en las que sin duda habrá tal vez algún autor de talento, tratan de " aplanchar " como los " pájaros " y la " chulavita " a las generaciones anteriores, en especial a la excelente " Generación de la librería Buchholz " surgida en los años 60, a la que quieren enterrar en la fosa común después de hacerle el " corte de franela ". Este fenómeno floreció en el contexto de la gran depresión y desencanto reinantes entre un grupo de excelentes autores colombianos, posteriores a la generacion de Mito, la mayoría de ellos nutridos alrededor de esa librería en los años sesenta, cuyo silencio es lamentable.

Después de años de actividad de esa generación, al pensamiento sucedió el vil escándalo como estrategia y al fascinante tejido de la prosa, la fácil retahíla de los improperios prevargasvilianos. A esto se agrega la astucia comercial de los editores, bajo órdenes estrictas de las mal globalizadas multinacionales de la edición, que encontraron en sicarios y sicarias enamorados, y bandidos y prostitutas con fondo de la violencia folclórica, una excelente vía para relativos éxitos comerciales locales de índole telenovelesca. O sea la imposición en Colombia de ese " realismo histérico " que el crítico inglés James Wood fustiga como fenóneno comercial impuesto también en la novelística anglosajona de las última década.

En la última década el discurso literario colombiano fue dominado por sermones histéricos centrados sobre el horror de ser colombiano, como si fuera este país el único en el mundo que vive el drama de la violencia. Una tenaza odiosa entre editores y avivatos sedientos de éxito fácil o megalómanos obispales creó esa " paraliteratura " sin ningún sentido de la autocrítica y redujo la narrativa colombiana a esa boba serie de novelones de sicariato rosa y de autoflagelación, que maneja el escándalo como única pistola.

Y algunos colombianos se creyeron el cuento, olvidando que en el siglo XX Europa vivió dos guerras con decenas de millones de muertos y crematorios, que hace unos años la guerra reinaba en los Balcanes europeos y que en Africa, Asia y Medio Oriente la matanza es tan incesante y atroz como lo ha sido en toda la historia de la humanidad. O sea que la violencia colombiana no es mérito exclusivo nuestro como lo quisieran nuestros vendedores de desgracias, sino expresión de un problema de la humanidad global desde mucho antes de los tiempos bíblicos y que hoy florece en casi 60 focos en el orbe, algunos más tenaces y sangrientos que el colombiano.

La " maldad " colombiana es la misma " maldad " del mundo y de la humanidad que lo puebla. Por eso es muy fácil hacer negocio literario en España diciendo que los colombianos son los arquetipos esenciales de la maldad mundial, como lo hacen sin cesar nuestros exitosos --y exitosas-- vendedores de lágrimas. Así como alguna vez Colombia vivió de los monocultivos, ahora se vive del monocultivo literario del sicariato, el escándalo y la autoflagelación.

Por fortuna, la monotemática de los escritores colombianos recientes comienza a hartar después de los atentados del 11 de septiembre en Nueva York y Washington y los acontecimientos posteriores. Son tales los niveles de violencia en todo el mundo, que la colombiana ya no es una novedad, aburre a lectores y críticos lúcidos, y deja de ser negocio para editores y escritores carentes de imaginación, lo que genera esperanza de resurgencia de otras literaturas más complejas e interesantes.

El terreno de cultivo para esta impostura reciente de la narrativa sicario-policial colombiana fue, por un lado, el silencio meláncólico y hasta comprensible de esas lúcidas generaciones de autores posteriores a la revista Mito y, por otro, a la mediocridad impresionante de cierta Academia, la crítica literaria local y el reseñismo periodístico, que van como hambrientos gozques detrás del comunicado de prensa, la moda o el éxito de ventas, o de lo propuesto por dos o tres editoriales multinacionales que piden ganancia rápida desde Madrid o Barcelona a la pobre suscursal y a sus lánguidos empleadillos.

El caballito de batalla es muy simplista: el realismo mágico ha muerto, sólo se puede escribir costumbrismo sobre temas de actualidad con frases cortas de papilla insípida para idiotas y evitar todo riesgo estilístico. Hay que escribir para ser leído de una sentada y el espectro intelectual es el escándalo y el griterío para asustar a beatos. Olvidan que el realismo mágico es tan viejo como la humanidad y está en las grandes sagas y libros sagrados, a los que se les augura un gran futuro con el renacimiento de los fanatismos religiosos, a medida que prolifera la población y la pobreza mundiales.

Es urgente hacer la crítica sólida de esas manipulaciones de las editoriales comerciales, que como un efecto perverso de la globalizacion de esa industria venden como maravilla una literatura de gran pobreza. O sea es necesario volver a pensar en vez de encerrarse en las manías del escándalo para asustar monjas, ya usado hace mucho tiempo en Colombia por Vargas Vila, Fernando González y sus trasnochados y rezagados discípulos de hoy. Esto será posible con una revisión, fuera de las modas y de la publicidad, de lo escrito por decenas de autores de sólida formación, en especial los de esa excelente " Generación de la Buchholz ". Y en especial, alejarse de los entusiasmos nacionalistas que buscan siempre al sucesor de García Márquez o aplauden al que "triunfa en el extranjero" o al que "vende mucho" y escupen al talento verdadero y a la inteligencia amplia de generaciones enteras de autores colombianos.

En fin de cuentas, es pertinente reestablecer los puentes con las generaciones de Mito y Eco, que tenían una visión moderna, pausada, de lo que se hacía en Colombia y a su vez creaban vasos comunicantes con la cultura mundial sin los complejos e histerias mesiánicas latinoamericanistas que florecieron al calor de la Revolución cubana y el auge de la ideología marxista-leninista en los ámbitos latinoamericanos. El " boom ", que surgió y se extendió en ese contexto de exaltación ideológica de los años 60 y 70, dinamitó los puentes con ese pensamiento libre, abierto, democrático, moderno, que venía gestándose alrededor de esas revistas y de otros grupos intelectuales anteriores, estigmatizados y negados bajo la acusación simplista de " burgueses " y " reaccionarios ".

La espléndida literatura colombiana moderna, hija de la generación de Mito y de la librería Buchholz, con tres generaciones en activo de poetas, ensayistas y prosistas, merece un destino mejor. Y ese destino se conquista con el debate y el retorno al arte como rebelión y apuesta. Se conquista saliendo del silencio y recuperando los espacios secuestrados por el "hampa infraliteraria" y el sicariato de folletín.

III
Vuelo en globo a través del Atlántico


1

Pero dejemos pues el literario barro propio, el equipaje local y trasladémonos al mal denominado Viejo Mundo. Como tantos de nuestra generación, dejábamos esa Bogotá gris y los discursos vacuos del Frente Nacional, dejábamos la Universidad Nacional cerrada siempre, la indignidad de un país de clientelas donde la honradez y la inteligencia estaban prohibidas y autorizados el nepotismo oligárquico, la corrupción de las altas esferas, la pobreza generalizada, el irrespeto del trabajador pacífico y honrado, la desaparición del disidente, el encumbramiento del pillo arribista y del lambón. Irse de Colombia era vivir, respirar, abrise al mudo. Esa vez pensé: " Me voy, luego existo ".

Una vez " afuera " el extremo-occidental explora esa relación incesante a través del Atlántico, ese océano lleno de fantasmas de viajeros, aventureros y piratas, ese mar cargado de historias y sedimentos de vidas y palabras. La palabra Atlántico, con sus vocales amplias y sus consonantes sonoras, huele a viento, aire, libertad, viaje, circulación de ideas, hombres, mercaderías. Es una vía de índole distinta a la vieja ruta de la seda; es una vía líquida, inestable, extrema, peligrosa, ineluctable, traicionera, inmensa.

Al llegar a París, el muchacho de 20 años encontró a Europa en efervescencia, aún con las cenizas calientes del movimiento de mayo de 1968. Muere el presidente Pompidou, animador del arte moderno e inspirador del excéntrico Museo de Arte Moderno Beaubourg, sube Giscard d'Estaing y bajo su gobierno renovador se aprueba el aborto, surge con fuerza el movimiento feminista, Soljenitzin hace descubrir el gulag soviético, estalla la revolución de los claveles en Portugal, reinan en la capital francesa Sartre, el Situacionismo de Guy Debord y su crítica precursora a la " Sociedad del espectáculo ", Foucault, Lacan, Barthes, Deleuze y Guattari, Reagan cae, Estados Unidos es derrotado en Vietnam, muere Mao, los cambios en las costumbres comienzan a solidificarse, la juventud de mayo y su ideario logra anclar en la placa tectónica europea y occidental. Los exiliados latinoamericanos llegan por miles desde Argentina, Chile, Brasil y Uruguay y deambulan por los corredores de la vieja y auténtica Universidad de Vincenes, donde se veía con frecuencia a Jacques Lacan, y por donde pasaron Herbert Marcuse y otras leyendas del pensamiento alternativo mundial post-marxista. América Latina estaba de moda con su Che Guevara, el bossa nova, el boom, los exiliados, el duelo por Salvador Allende.

Pero aunque estábamos de moda como nunca en esos años 70, la intensa relación europeo-latinoamericana no era nueva, pues a través del Atlántico se había caracterizado desde la Colonia hasta nuestros tiempos por el flujo incesante de seres humanos, mercancías, ideas y, por supuesto, estilos literarios. En los maravillosos relatos aventureros de Colón primero y más tarde de Bernal Díaz del Castillo, y otros muchos sobrevivientes que cuentan el viaje a lo desconocido, se puede asistir a ese primigenio encuentro entre mundos imaginarios que diferían tanto como la tierra de un planeta lejano. Fundadores del realismo mágico hispanoamericano, esos viajeros del descubrimiento y la colonización son, con Marco Polo, Magallanes y Vespucio, los fundadores concretos de esa nueva aventura global, al ser los primeros en darle la vuelta al círculo, hacer real la vuelta al globo.

Desde entonces, la aventura de esa interpenetración, de ese gran coito cultural ha vivido distintos episodios en los ámbitos de las ciencias, la ideología, la política y la literatura. La expedición botánica del sabio gaditano José Celestino Mutis y las investigaciones de Humboldt abrieron al mundo el esplendor telúrico de la tierra americana, lejos ya de las monstruosas imaginerías que llegaban a Europa en cuentos e imágenes de desmesuradas criaturas y riquezas sin fin. Humboldt realizará una expedición aún más extensa por casi todo el continente y regresará a Europa con datos más exactos y rigurosos de las riquezas de ese mundo todavía nuevo. En ese marco, es conmovedor y emblemático el encuentro entre Humboldt, Bompland y el joven sabio criollo colombiano Caldas y la amistad y afecto mutuo entre ellos como muestra de un nuevo episodio en esa relación signada por el ansia de explorar, saber y conocer.

Más tarde Darwin viajó por el cono sur en el Beagle, y adquirió allí el mal de Chagas que lo hará sufrir toda la vida, pero no le impedirá ampliar las bases del conocimiento de la evolución de las especies. En Francia, en un tranquilo recodo del Jardin de Plantes, en la rive gauche donde puede aún observarse un árbol plantado por Bouffon, se recopilaron y almacenaron miles y miles de muestras de la naturaleza americana para felicidad de científicos y amantes de lo exótico y cuando el habitante ultramarino de París lo visita y lo recorre entre sus flores, búhos, avestruces y whalabíes australianos, no puede más que inclinarse ante ese primer gran jardín de las globalizaciones.

Cabeza de Vaca, Bernal Diaz del Castillo, Mutis, Humboldt, Darwin, son apenas algunos de los nombres cimeros de esa exploración europea de América, a los que debe agregarse la de los lingüistas y etnóHomerologohomes que establecieron el mapa de las lenguas indígenas, los códices y los usos y costumbres de las etnias milenarias del continente, especialmente las de México y Perú.

Como contraparte de esa mirada, los nativos de aquellas tierras sólo fueron a Europa como ejemplos de circo de Ultramar para las cortes europeas o como representantes de la élite criolla corrupta y arribista que abriría las puertas a la nuevas potencias sobre las ruinas de la anacrónica España. Habría que esperar el flujo de las ideas revolucionarias de la Ilustración hacia América para que se gestara el gran cambio, el gran caos propiciado en parte por la codicia de la nueva potencia anglosajona, que originaría las patrias Bobas y el largo proceso de formación y desmoronamiento de las instancias surgidas de ese fuego independentista, aún malogrado e incierto.

Buena parte de la élite criolla se nutrió de las ideas europeas, que a su vez alimentaron a quienes crearon la futura potencia estadounidense. Clérigos y ministros de todas las nuevas Repúblicas hicieron sus Europas y regresaron para tratar de moldear sus países a imagen y semejanza de los avances europeos. En la segunda mitad del siglo XIX, en años de industrialización y globalización aceleradas, Haussmann y Eiffel inspiraron a los renovadores de las pueblerinas capitales hispanoamericanas y la arquitectura de hierro cundió en toda América con puentes, mercados, factorías, rieles y estaciones de ferrocarril que horadaron la naturaleza primigenia.

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En el campo de la literatura, esa relación ha sido aún más estrecha. A fines de siglo, como antes el dieciochesco Jardin de Plantes o el palacio de Versalles, el París metálico visitado por los poetas modernistas Rubén Dario y José Asunción Silva, que era el París de Verlaine y Mallarmé, impresionaba junto a la Gare Saint Lazare a los viajeros que llegaban por tren desde Le Havre tras cruzar el Atlántico.

Todos esos avances quedaban grabados en la memoria de los latinoamericanos que habían cruzado el mar y ahora se disponian a regresar para siempre a sus pagos, cargados de ideas y ritmos nuevos. Porfirio Díaz, el dictador mexicano afrancesado, reposa en un cementerio de París después de hacer de su capital una copia de aquélla, aún visible en recodos ruinosos de la Colonia Roma y Santa María la Ribera. Cuervo, el colombiano coautor del gran diccionario murió en París. El sabio Ezequiel Uricochea enseñaba árabe y culturas levantinas en Europa, Ruben Darío, el líder modernista, era el más europeo de los europeos, él, quien se decía " muy antiguo y muy moderno " y a la vez muy indio.

Además de Miranda y de Bolívar, la lista de personalidades latinoamericanas devoradas por Europa sería interminable, pero habría que destacar en especial ese maridaje literario total de los decimonónicos latinoamericanos con las principales corrientes europeas. La novela es romántica, realista y naturalista como la europea. La poesía es romántica, parnasiana y simbolista como la europea. Se sigue a Atala y René y a Pablo y Virginia al pie de la letra; el héroe de la María de Jorge Isaacs regresa desde el Viejo Mundo a los valles cálidos del Cauca; los soldados invasores franceses de Louis Napoleon Bonaparte se enamoran de las Clemencias mexicanas de Ignacio Manuel Altamirano, y Fernández, el protagonista finisecular de la novela De sobremesa de José Asunción Silva, toma éter y absenta en París y regresa a fracasar en la fría Bogotá de las alturas andinas.

Llegan luego los tiempos de los modernistas Enrique Gómez Carrillo y José Maria Vargas Vila, grandes best-sellers latinoamericanos que fueron leídos en todos los rincones del continente y cuyos libros llenaban las alforjas de los jinetes. Escribían desde el mundo inaccesible, desde Venecia, París y Florencia, desde la Isla de Rodas, El Cairo o Calcutta y vendían exotismos de Viejo Mundo y Tierra Santa a poblaciones autodidactas ávidas de saber, democracia y civilidad. Gómez Carrillo y Vargas Vila fueron los García Márquez y los Vargas Llosa del modernismo. Triunfaban y viajaban de capital en capital en grandes hoteles que sólo vistaban los riches amateur que inspiraron a los millonarios viajeros de Valéry Larbaud y Paul Morand. Superficial el primero, pero buen cronista; insoportable y pomposo el segundo, ambos hoy olvidados, representaron el arquetipo de latinoamericano europeizado y globalizado de entregueras que reinó hasta el " boom ". Mientras esos dos viajeros triunfantes miraban Venecia y París desde sus balcones, el látigo de los numerosos tiranos latinoamericanos surgidos de la " Independencia " caía desde el Río Grande hasta la Patagonia sobre las espaldas de los siervos encargados de extraer las riquezas de esa tierra que volvió a encontrar defensores en los grandes telúricos Jose Eustasio Rivera, con La Vorágine, Rómulo Gallegos con Doña Bárbara y Canaima y Ricardo Guiraldes y Horacio Quiroga, entre muchos otros.

Más tarde, hacia mediados del siglo XX, esas élites literarias europeizadas estarán compuestas por Miguel Angel Asturias, quien fascinó antes en los años 30 con sus Leyendas de Guatemala y por otros como César Vallejo, Alfonso Reyes, Vicente Huidobro, César Moro, Alejo Carpentier y Jorge Luis Borges. En los años 60 tocará el turno a los reyes del " boom " Julio Cortázar, Juan Rulfo, Mario Vargas Llosa, Guillermo Cabrera Infante, Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez, figuras emblemáticas de esa nueva América Latina a la vez próspera y ávida de revoluciones, que duda entre la tentación democrática y el delirio totalitario de los iluminados marxista-leninistas. Y de lado de los escritores europeos no hispánicos ávidos de contar este lado recordemos a Voltaire, Chateaubriand, Tocqueville, Michaux, Artaud, Breton, Roger Caillois, Levi-Strauss, Le Clezio, Malcolm Lowry, D. H Lawrence, Graham Greene, Witold Gombrowicz, Cristopher Isherwood y muchos más.

Dos grandes corrientes de ese americano de Europa se deslindan a mediados del siglo XX: a un lado, por supuesto con matices, los exaltados del " boom " aupados en el mesianismo revolucionario azuzado por la guerra fría y, al otro, los ancianos precursores de la generación de humanistas polígrafos encabezada por el mexicano Alfonso Reyes, en la que figuran Pedro Henríquez Ureña, Arturo Uslar Pietri, Germán Arciniegas, y por suspuesto, Jorge Luis Borges.

Los primeros agenciaron cierto neotelurismo exacerbado con sus discursos latinoamericanistas llenos de héroes, flores, cacatúas, tucanes y cocodrilos, y los otros, ya declinantes y aparentemente pasados de moda, ejercieron la reflexión, el ensayo, el fragmento, en la pausada y modesta madurez del diáHomerologohome y la tolerancia civilista y democrática, abierta a los saberes milenarios del Viejo mundo.

Pasado todo este delirio neotelúrico de la segunda mitad del siglo XX, con sus revolucionarios barbudos y los iluminados mesiánicos salvadores del mundo, que gritaban la hueca consigna " patria o muerte, venceremos ", habría que volver a tender puentes con esos pensadores polígrafos que preferían el análisis al discurso encendido, la tolerancia al anatema, el cosmopolitismo y los vasos comunicantes mundiales al falso nacionalismo proteccionista cargado de banderas y consignas. O sea volver a Orígenes, Mito, Eco, Sur.

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Y es necesario volver a ese pensamiento universal y pausado de los polígrafos latinoamericanos de la primera mitad del siglo XX, para tratar de calmar los nuevos incendios socio-políticos que se gestan desde el Río Bravo hasta la Patagonia en tiempos de acelerada globalización.

Casi dos siglos después de la Independencia, las patrias bobas latinoamericanas son cada vez más bobas que nunca. Abocadas al coctel de la explosión demográfica cabalgante y la picardía ancestral de sus élites oligárquicas, el fracaso de esas naciones es palpable y hace hoy más actual la necesidad de que se difuminen las artificiales fronteras creadas por caciques a mediados del siglo XIX y que han mostrado sin cesar su peligrosa caducidad. Entregada durante largos periodos al imperio de las potencias anglosajonas, la America Latina boba de hoy reclama la asesoría madura de una Europa que hasta hace apenas unas cuantas décadas vivía empantanada en el dolor de los holocaustos, las guerras civiles y las tentaciones totalitarias. Puesto que Europa misma se ha hundido en los más atroces procesos de autodestrucción y con dificultad trata de crear espacios estables, ella puede convertirse hoy en la hermana mayor de este Extremo occidente, una interlocutora y aliada frente a las nuevas fuerzas fanáticas y tanáticas que acechan al globo.

Es indudable que el sabio Mutis y Humboldt realizaban el mapa de las riquezas del inmenso continente americano para ususfructo de las potencias europeas y que la Independencia fue una astuta jugada para que aquellas riquezas cambiaran de mano. Nada importante, nada bueno surgió de esa independencia que dejó a aquellas naciones en manos de crueles caciques que la feriaron, la ferian y la feriarán al mejor postor, y que incluso, en este inicio del siglo XXI, parecen aún más pícaros y crueles que los virreyes españoles, los financieros británicos, los corredores de bolsa de Wall Street, o los enviados del por fortuna ya derruido Imperio soviético.

Por el flujo incesante de riquezas e ideas, por la formación mutua, por los intereses paralelos desde la aparición del Nuevo Mundo, América Latina es un necesario Extremo Occidente. Occidente no sería lo que es sin el descubrimiento y la América Latina independiente y boba no sería lo que es sin Europa y sus errores viejos, que fueron los errores de Portugal y España y los de Inglaterra y Francia y, por qué no decirlo también, de manera reciente, los del zarismo reencarnado en el totalitarismo soviético. Occidente y Extremo Occidente, a ambos lados del Atlántico, tienen tareas comunes que reposan sobre ese comercio incesante de ideas, amor, letras y mercancías que los une y los separa desde hace cinco siglos y los unirá en las empresas comunes de los siglos por venir alrededor del globo. Así como, a nivel vertical, los extremos anglosajón y latino de América toda están condenados a dialogar, a entenderse, a interpenetrarse, a coitar, a mezclarse y a fortalecerse en su mezcla.

Y la literatura, incesante viaje imaginario, es la voz libre de esa permamente, fascinante y cruel globalización ineluctable de la humanidad, siempre condenada al éxodo y a la errancia.

IV
Escribir por el mundo: éxodo y literaturas apátridas

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Con frecuencia se ha citado la frase de Borges de que " ser colombiano es un acto de fe ", a lo que podríamos agregar " somos colombianos porque nuestro pasaporte nos lo ha revelado " .

Ahora que millones de colombianos hemos emprendido el éxodo, en un largo proceso de desplazamiento iniciado a mediados del siglo pasado y que se aceleró en la última década, es pertinente explorar de manera tentativa las modalidades en que la colombianitud se diluye en la diáspora o se exacerba en las islas del destierro. Por un lado se difumina en la vivencia de otras culturas cercanas o lejanas, en la penetración de los misterios del imaginario de otros países milenarios, en la visualización incesante de otros íconos, ya sean ellos de piedra o huidizos como las imágenes televisivas de otros ceremoniales exóticos. Y a la vez se exacerba cuando la infancia, la adolescencia y la juventud se van fosilizando y adquieren los contornos y las esencias de una nueva mitología particular, familiar o doméstica, o como quiera llamársele.

La tensión tectónica de esos dos procesos lleva a la conformación en nosotros de ese extraño Frankenstein construido con pedazos de otros códigos y ceremoniales, dentro del cual pugna el Minotauro del imposible retorno. Porque al mismo tiempo que esa " colombianidad " agoniza en la integración del individuo a otros continentes exóticos o se agudiza en el dolor de la ausencia, el país real, ya no el portátil, la Colombia real va trasmutándose, se va volviendo tan extranjera o más que las playas, urbes, praderas y pieles de los países o continentes del éxodo.

¿Dónde queda, pues, ahora, el extranjero? ¿En la patria abandonada o en las patrias adquiridas a fuerza del éxodo? ¿Quién es más extranjero: el nativo que retorna a deambular por sus parajes nativos o el forastero que agota el asfalto de nuevas y luminosas metrópolis del Viejo y Nuevo Mundo? Este extranjero profesional y eterno que se instala en la movilidad no es más que la versión moderna del maravilloso judío errante del que nos hablaban la abuela o la madre mientras tejían en los corredores, bajo los aleros de las casonas de los Andes, como la extraña y misteriosa figura que flotaba en la inminencia de su aparición y partida. El judío errante lleva sus pequeños bártulos colgando en una bolsa raída, tiene una mirada agitada y extraviada, trae los cabellos hirsutos, la barba siempre a medioterminar y las manos rugosas como sus pies heridos y fatigados de tanto caminar por las trochas y caminos de herradura. El judío errante tiene como patria única su errancia. Y a diferencia de los que siempre se quedan en las pequeñas veredas esperando la muerte sin salir jamas de allí, el judío errante lleva como fardo una multitud de imágenes y voces, olores, texturas, sabores, pieles, un fardo que se hace cada vez más pesado, bullicioso, caótico, como si fuera un enorme y sacro monolito donde están inscritos todas las leyes o anatemas, los oráculos encontrados, las premoniciones, las catástrofes.

Toda gran literatura es de éxodo, de errancia, materia de juglares que en sus andanzas acumulan experiencias e historias y tienen como función darlas a conocer a los otros para hacerles amena la vida por un instante al calor del fuego. Así surgieron los grandes libros sagrados de la India, el Oriente medio y América, como obras de quienes le dieron la vuelta al mundo y contaron lo visto para que a su vez fuera relatado por otros, enriqueciéndose con las falsificaciones o el perfeccionamiento de las estructuras narrativas. Las epopeyas, las biblias, las mejores piezas de teatro, las fábulas, profecías y obras poéticas se forjaron en ese encuentro incesante de los saltimbanquis, los encantadores de serpientes y los cómicos con el alborotado público de las barriadas famélicas. El mono volante y heroico del Ramayana, Hanumán, que pervive hoy en cada mono libre de Calcutta o Benarés; la figura emblemática de Sherezade; el profeta viajero que escribe epístolas y va de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo llevando la palabra divina; la historia del vellocino de oro; la loba que amamanta a Rómulo y Remo; todos ellos surgieron de ese patio de los milagros o esa plaza a donde llegaban los artistas viajeros con sus tambores, chirimías y panderetas.

Allí también se forjó la búsqueda de eternidad. Porque el hombre milenario no se contentaba con el relato de sus aventuras picarescas, sino que establecía los puentes venideros con el más allá: así las reencarnaciones de los Indios, el más allá momificado de los egipcios y el cielo o el infierno de los cristianos tan bien descritos con lujo de detalles en La divina comedia de Dante y el paraíso Perdido de Milton. En este caso la errancia no es de este mundo sino del otro, con interminables círculos y abismos por donde caen raudos los ángeles condenados. En su maravillosa abstracción estos mundos perfeccionan y hacen aún más complejos los caminos y los laberintos del mundo conocido. El más allá tiene palacios y paisajes aún más sorprendentes, flota sobre nubes o espacios cósmicos y en su seno las atrocidades humanas se perfeccionan, como las torturas y suplicios contados por Dante Aligheri.

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Pero bajemos ahora de los ámbitos míticos y celestiales a la no menos apasionante realidad terráquea. Hemos llegado a esos paraísos perdidos precisamente porque la errancia y el éxodo incesantes e ineluctables de la población humana a lo largo de la historia son inseparables del cuento, el relato, el libro sagrado. Esos flujos humanos desde el Medio al Extremo Oriente por las rutas de seda, las expediciones de Alejandro Magno, Marco Polo o Magallanes por el mundo, el auge y la caída de los imperios y las religiones, el comercio de puerto en puerto mediterráneo de fenicios, griegos, romanos y árabes, entre muchos otros pueblos, todas esas actividades fueron el crisol de la literatura. La Odisea, la Eneida, el Asno de Oro, el Quijote de la Mancha dan prueba de ello. Son precisamente libros de viaje.

Si los libros sagrados, como dijimos antes, son fruto del éxodo colectivo de los pueblos, la literatura individual de viaje, subjetiva, a veces en primera persona, surge de ese impulso aventurero del sujeto. Todos sabemos de memoria la parábola de Ulises, que es el arquetipo máximo: el hombre que se va de casa y se pierde por el mar hasta las fronteras del mundo conocido, el hombre que ama y es seducido, pero retorna y encuentra a la mujer que teje y desteje. Todos guardamos en la memoria colectiva las aventuras de Eneas, quien se va en la nave, ama y abandona a Dido en un país lejano y finalmente ancla para siempre y funda la Ciudad que sería capital de un nuevo imperio. Todos nos sorprendemos por la existencia en esas zonas de la antiguedad de la Biblioteca de Alejandría, el coloso de Rodas, los jardines de Nínive y no cesamos de leer las historias de Simbad el marino, el ladrón de Bagdad, la Lámpara de Aladino y Alí Babá y los cuarenta ladrones, que serán para siempre relatos inolvidables, luego de los cuales toda ficción posterior nos parece menor. Ya no estamos aquí presenciando el éxodo de pueblos enteros dirigidos por profetas y dioses sino las aventuras de hombres de carne y hueso desamparados y ambiciosos, aplicados a sus tareas de comercio y colonización, de búsqueda de nuevos espacios en la tierra para fundar nuevas familias en mundos desconocidos.

La expedición de Magallanes, primera alrededor del globo, nos lega el Viaje alrededor del mundo de Pigaffeta, fraile que fue uno de los pocos sobrevivientes de la aventura. Las expediciones portuguesas nos dejan tambien las inolvidables Historias trágico marítimas. Y en lo que respecta a la parte española, sus ajetreos colonizadoress nos legan entre otras muchas maravillas, textos tan fascinantes como Naufragios de Alvar Núñez Cabeza de Vaca ---nuestra primera Odisea-- y las múltiples memorias de indias que relatan el asombro del forastero. En la obra de Cabeza de Vaca asistimos a una de las más increíbles inmersiones de un extraño en un nuevo mundo, al interior del cual debe sobrevivir como rehén, diluyéndose poco a poco en las costumbres y rituales de los semínolas y otras tribus nómadas de lo que hoy es el sur de Estados Unidos. Como él otros miembros de las expediciones terminaron por quedarse entre los aborígenes, creando descendencia e incluso aprendiendo las lenguas nativas y vistiendo como ellos, convirtiéndose a veces en extraños curanderos o chamanes venidos del otro mundo. Estos casos son en nuestro ámbito hispanoamericano los más palpables de esa difuminación del individuo en la aventura, la errancia y el éxodo y se añaden al de esos indígenas que fueron llevados a Europa a visitar las cortes y las plazas del espectáculo cómico, ya fuera vestidos como indios o disfrazados con los elegantes atuendos de aquellos lejanos siglos XVII y XVII. Es esa mirada de estupor del conquistador y el conquistado, el uno en tierras de indias y el otro en las cortes europeas, la que nutre toda literatura apátrida, de éxodo, de erancia o huida. Finalmente el que llega es devorado, así como el que se va se pierde en ese estupor que termina siendo costumbre.

Puede decirse, pues, que en el estupor o la fascinación frente a lo extraño radica la fuerza de la escritura apátrida. A veces el viajero observa a lo lejos las ciudades iluminadas o la ciudad de los palacios, otras veces a falta de ciudad hay que fundarla y construir un mundo sobre esos primeros cimientos precarios. El estupor vendrá del propio asombro ante el fruto del esfuerzo y la desmesura del objetivo alcanzado, como ocurre con la torre de Babel o las ciudades soñadas por los utópicos. El fundador se crea así su propia patria lejos del origen, una patria concreta o una patria ilusoria y delirante cercana a la locura. Es la patria múltiple de los españoles en tierras de América, donde en cada ciudad o pueblo se reproducía la plaza y los edificios del terruño ibérico abandonado. La patria-sucedáneo para quien ya no podrá regresar. La patria opiácea del desterrado.

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Uno de los escritores del mundo moderno que mejor ejemplifica esa literatura errante es Joseph Conrad, por dos razones: no sólo porque abandona su tierra original para adoptar los mares y después radicarse en la capital del Imperio británico globalizador, sino porque también deja su lengua para adoptar otra, el inglés, tal como lo hiciera después el genial Vladimir Nabokov o, en nuestro ámbito latinoamericano, Héctor Biancciotti, quien cansado de ser ignorado por su pares de América, decidió adoptar el francés y lograr así llegar a la proeza de ingresar a la Academia Francesa.

Conrad recorre el mundo como capitán de navio, en un mundo que ya nada tiene que ver con los mares de Ulises o de Eneas, de Colón o Magallanes ni con las rutas de seda o los caravansarys del desierto. Estamos ya en el mundo agitado de la industrialización y del libre cambio mundial de mercancias, en la era de las factorías, los trenes y los gigantescos barcos de carga. Su obra vasta es una mirada lúcida de los países y culturas lejanas, en las que se incluye los parajes costeros del caribe colombiano que, al parecer, inspira Nostromo. Victoria, Lord Jim, El corazón de las tinieblas, La locura de Almayer, Bajo la mirada de Occidente son novelas extraordinarias de un conocedor profundo del hombre, analizado y descrito por encima de las fronteras, sin pasaportes, banderas o cruzadas nacionalistas. Cada uno de esos capitanes o marineros perdidos que aparecen en su tensas y telúricas narraciones habla desde la angustia de no tener por más patria el barco sacudido por los tifones y acechado por bandidos o fuerzas enemigas. Mueren y son lanzados para simpre a las olas de los océanos o son enterrados en parajes que ninguno de los suyos conocerá. Conrad se aplicó a contar todas esas historias en una aventura creativa sin par que representa uno de los máximos logros de esa actitud de franca extranjería alrededor del globo.

Nos dice Paul Morand que el " verdadero estatuto que nos hace vivir es el de extranjero ". En efecto, llega un momento en que el individuo viajero, el trotamundos, adquiere la certeza de que sólo desde el ángulo escalofriante puede sentirse libre en el camino hacia el ineluctable fin. No tiene que representar obligatoriamente a una patria ni debe sentirse culpable porque no se entusiasma únicamente por las músicas, comidas, ropas de su terruno, sino por todas las que alguna vez encontró y con las que compartió a lo largo de su periplo. Toda persona atada patológicamente a su patria o bandera es un lisiado de la sensibilidad, un parapléjico de la percepción y esto es aún más grave cuando se trata de un escritor. El que escribe tiene con mucha mayor razón que estar abierto a esas extrañezas y por ende estar capacitado para contarlas y sentirlas desde el ángulo oblicuo de su extranjería.

Algunos pueblos han sido a lo largo de sus historias literarias mucho más aptos a esa mirada. Es el caso de la literatura francesa, rica como la inglesa o la hispanoaamericana en ese sentido. Desde el libro de Viajes de Bouganville y los comentarios al respecto de Diderot, cada década, cada año, ofreció algún libro inolvidable: Cándido de Voltaire, las Memorias de Ultratumba de Chateaubriand, el Conocimiento de Oriente de Claudel, las obras viajeras de Michaux en Oriente y América, son algunos ejemplos. André Malraux signó toda su obra con la fuerza del viaje, Camus inmortalizó la figura adorable del extranjero y así sucesivamente sería interminable hacer el catáHomerologohome de esa actitud de la literatura francesa deseosa de canibalizar el mundo exterior, ávida de exotismos.

Tres figuras ciñen con su corona hedonista esa aventura literaria y artística de los franceses. Me refiero a Arthur Rimbaud, a Paul Gauguin y a Saint John Perse. La parábola de Rimbaud en Abisinia es conmovedora porque surge del deseo total de abandonar su país y su propia obra literaria, que se queda atrás como el fruto de las fatigas de un extraño, como si el adolescente genial que fue se hubiese fosilizado. El viaje de Rimbaud tiene todos los elementos necesarios a la imaginería del forastero: comercio, armas, tráfico, ilegalidad, violencia, desiertos, camellos, parihuelas, fiebre, enfermedad y muerte. En el caso de Gauguin en Polinesia los elementos son aún más vistosos, pues se trata aquí del nieto de Flora Tristán, la aventurera, la feminista combativa de origen peruano. Gauguin va a Polinesia y allí, fascinado por los cuerpos totalmente disponibles de las tahitianas, decide quedarse para siempre habitando una casa de sexo llamada la Maison du Jouir (Casa del goce). Allí deja para siempre su condición y muere tras elaborar una vasta obra pictórica y escultórica en maderas exóticas que es un homenaje a quien decide ser extranjero con total y deliciosa alevosía. Sus cuadernos de Noa-Noa, plenos de palabras e ilustraciones prefigura las artes del multimedia contemporáneo. Saint John Perse es el otro espécimen de esa vocación francesa, y su obra, traducida por Jorge Zalamea, está llena de esas brisas y esos vientos tan caros al errabundo.

Pero es tal vez Chateaubriand quien se coloca en el pedestal francés de una literatura de errancia. En sus ya mencionadas Memorias de Ultratumba, elaboradas a lo largo de la vida, de manera minuciosa, a través de innumerables palimpsestos a los que aplicó la más refinada tortura de la corrección, relata su existencia con esa prosa moderna que dos siglos después es absolutamente eficaz y cristalina. Su éxodo es múltiple: él alcanza a presenciar el fin del antiguo régimen y a partir del retrato de sus tías abuelas dieciochescas hace un recorrido vital, político y amoroso tan nutrido como los de Magallanes y Bougainville. Su prosa es una buma áurea, flexible, que ingresa a todos los rincones posibles de su tiempo y retrata los avatares de una época donde como pocas veces se concentraron cambios trascendentales, básicos para el ingreso de la actual modernidad. El pequeño noble ve la ruina de la aristocracia, asiste a la Revolución y la caída de su par Napoleón, colabora con las restauraciones y alcanza a vislumbrar la República y la Democracia modernas. Pero además es testigo del nacimiento de Estados Unidos, actúa en las diversas transformaciones del mapa europeo, va en peregrinación, como Byron, a Grecia y Oriente Medio y se detiene con aplicación en los amaneceres, las modalidades del crepúsculo, la lozanía sinigual de las hermosas vistas encontradas en su camino y el sonido de los riachuelos y el ajetreo de los panales bucólicos. Su éxodo es de clase, de régimen, de edad, de tiempo y al final ejerce de escalofriante y acertado profeta cuasibíblico. Sólo un observador apasionado e inteligente como él puede construir poco a poco y terminar esa pirámide de palabras, ideas y emociones cuando, de ochenta años, alcanza a mirar desde la atalaya terminal dos de los siglos más agitados de la historia. Como Conrad en los océanos, cruza y sobrevive a los más tenebrosos tifones.

4

Hemos hablado de algunas literaturas apátridas. Cada lector apasionado podrá elaborar su catáHomerologohome y siempre se caracterizará por las ausencias y los olvidos. Hemos estado en las esferas celestes, hemos acompañado a los pueblos en éxodo, subimos a las Naos de Ulises, Eneas y Magallanes, nos perdimos con Rimbaud y Gauguin, subimos al escenario privilegiado de la historia contemporánea con Chateaubriand.

Sin embargo, valdría la pena destacar las aventuras del " riche amateur " A. O. Barnabooth, donde el poeta Valery Larbaud nos introduce a un estado de ánimo impar que sólo es posible lograr a través de las convocatorias de la poesía. Lo catáHomerologohomes, los versos invocatorios del viajero sacudido por la vibración de los rieles del ferrocarril y los humos de la locomotora, el escepticismo de la mirada a través de las escotillas del Express, nos colocan en la posición adecuada: el tiempo indefinido de viaje, el bullicio de la estación de trenes, las maletas, las gabardinas, el sombrero Stetson de los viajeros que van y vienen cargados cada uno con su peculiar odisea. Porque al fin de cuentas cada vida, incluso si ha transcurrido en un mismo lugar, es una odisea a la que no cabe de ninguna manera el calificativo de mediocre. En cada ser estático hay un Ulises. En todos los que esperan el tren próximo se agita un Conrad o un Rimbaud. Ese estado transitorio, indefinible, es el objeto de la poesía, el lenguaje verdadero del éxodo y el exilio. La poesía es el más genuino leguaje apátrida, la voz de los forasteros en torno al globo. Todo poeta es un forastero, el incómodo judío errante que todos ven pasar desde los visillos de las ventanas en un pueblo perdido sin nombre.

París, Place d 'Italie, 2004

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(1) Rouquié, Alain. Amérique Latine. Introduction a l'Extrême Occident. Seuil. Paris. 1987. 438 pp.

(2) Sobre los crueles métodos de exterminio de la " chulavita " o policía política del régimen conservador durante los años de La Violencia, ver los libros Matar, rematar y contramatar. Las masacres de la Violencia en el Tolima 1948-1964 de María Victoria Uribe. (Controversia. 159-160. Cinep. Bogotá. 1990. 210 pp.) y La violencia en Colombia de Germán Guzmán, Orlando Fals Borda y E. Umaña Luna (2 tomos. Carlos Valencia editores. Bogotá. 1980).

(3) El crítico literario inglés James Wood (Guardian y London Review of Books) habla de " realismo histérico " para combatir la novelística en boga en el mundo anglosajón y que se acomoda perfectamente a los imitadores de la lejana Colombia.
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L'immigration des Colombiens en France*
Anne Gincel, IEDES - Paris 1


" En effet, alors que les Etats-Unis tentent de diminuer le nombre de candidats à l'entrée sur le territoire en renforçant les contrôles aux frontières, jusqu'au 1er janvier 2002 de nombreux ressortissants latinos-américains pouvaient entrer dans l'Union européenne par certains pays n'ayant pas imposé de réquisit trop stricts et contraignant à l'obtention de visa de touriste. Ce visa en poche, on peut circuler au sein de l'union jusqu'à l'espace national où l'on désire se rendre et s'installer. De plus, comme le rappelle l'article précité : " selon certaines estimations, une entrée clandestine sur le Vieux Continent coûte environ 2 fois moins cher qu'un passage aux Etats-Unis "

L'immigration des Colombiens n'est pas en soi quelque chose de complètement nouveau. La Colombie est le principal pays d'émigration latino-américain, et cette émigration remonte au début du 20è siècle avec par exemple les migrations vers le Panama au moment de la construction du canal au début des années 1920 (avant aussi, mais à ce moment ce n'était pas des migrations internationales puisque le Panama appartenait à la Colombie). Avec le boom économique du Venezuela et de l'Equateur, les années 70 voient le nombre des immigrants colombiens dans ces pays s'accroître considérablement, alors que depuis les années 50 ce chiffre est en constante augmentation aux Etats-Unis. Si l'immigration en France n'est pas non plus quelque chose de neuf - vous tous ici présents connaissez des Colombiens ayant immigrés depuis bien longtemps - son caractère relativement massif depuis la crise que connaît l'économie nationale colombienne depuis 1998, en fait un phénomène nouveau qui rentre dans ce que les spécialistes des migrations appellent les nouveaux mouvements migratoires internationaux.

Afin de situer ce groupe, d'abord quelques chiffres : Si au recensement de la population en France en 1982 on comptait 1852 individus colombiens, en 1990 on en recensait 3761 et au recensement de 1999 10.983, ce qui en fait le deuxième groupe après les 15.000 Brésiliens (sans vous accabler sur les chiffres, ce même recensement dénombre 9638 Chiliens et 7398 Argentins). On sait bien évidemment les limites de ces recensements, ce qui est encore plus important pour la population que j'étudie où un nombre extrêmement important est en fait sans-papiers (indocumentados). La plupart de ces sans-papiers ont profité jusqu'en 2002 de l'absence de visa pour rentrer en Espagne et en Allemagne, pour accéder à l'espace de l'Union européenne.
La Colombie a ainsi reconnu dernièrement que sur une population de 44 millions d'habitant, il y en avait plus de 5 millions résidant à l'étranger. D'autre part, les envois d'argent depuis l'étranger représentaient la deuxième entrée de devises dans le PIB, avant le café et à peine après le pétrole. Il semblerait que cette année cela dépasse même le pétrole. Une étude diligentée par l'ambassade colombienne en Espagne en 2002 a ainsi dénombré 400.000 Colombiens en Espagne, dont 68% d'illégaux. Ce type d'étude n'est absolument pas d'actualité en France, où le phénomène n'a bien entendu pas la même importance. On ne sait bien évidemment pas combien il y a de Colombiens ici. Cependant (et c'est toute la difficulté de produire des projections quand une population ne se prête pas au dénombrement de par sa situation administrative), on m'a parlé d'une projection à partir du nombre de demandes de régularisations sur les bureaux des services préfectoraux qu'il faudrait ensuite multiplier par 20 : comme il y avait à ce moment (c'était il y a un an) 5000 demandes, la personne tablait sur…. 100.000 Colombiens en France. Bien entendu, ce chiffre est exagéré, mais je pense qu'on peut facilement s'arrêter sur celui d'au moins 50.000 individus, dont 70 à 80% ne sont pas en situation régulière.

En effet, si le dernier recensement s'arrête à 1999, la situation économique s'est fortement détériorée depuis 4 ou 5 ans en Colombie, et beaucoup ont profité de la possibilité offerte jusqu'il y a eu peu de passer sans trop de difficulté en Europe (Les Etats-Unis, plus " courus " jusque là, devenant extrêmement difficiles d'accès, et le Venezuela, deuxième sinon premier espace d'immigration pendant longtemps, connaît lui-même actuellement des phénomènes d'émigration de sa population). Pendant longtemps, un des principaux pays d'immigration pour les Colombiens qui se rendaient en Europe, à part l'Espagne, était l'Angleterre, où il y a une forte communauté colombienne. Mais non seulement le passage est devenu, là aussi difficile, mais en plus il y a de plus en plus de réseaux en France, que ce soit parce que des personnes n'ont pu rentrer en Angleterre et sont donc restées en France, ou par choix justement de la France comme espace d'immigration. Or l'existence de réseaux est un élément très important dans le choix de l'espace de destination.

Qui sont-ils ? Tout d'abord, je tiens à préciser que je me suis intéressée principalement à une population venue travailler en France, j'ai donc exclu, à priori, les étudiants ainsi que les artistes - venus pour d'autres raisons, et ayant un mode de vie et des centres d'intérêt particulier. Je n'ai pas non plus travaillé spécifiquement sur les " politiques ", mais de toute façon les catégorisations qui étaient et qui sont d'ailleurs encore employées ne peuvent rendre compte de situations dans lesquelles on trouve de plus en plus un enchevêtrement de causes et de conséquences : ainsi on trouve régulièrement des individus fuyant tout autant une certaine violence quotidienne que politique, mais qui recherche en même temps par cette immigration un accès à certaines ressources, qu'elles soient économiques, politiques ou culturelles, parfois même toutes à la fois.

Une des principales caractéristiques de cette population, c'est que 70 à 80% des individus viennent d'un petit village de 5000 habitants s'appelant Santuario-Risaralda et d'une petite ville de 100.000 habitants du nom de Cartago. Les 2 sont situés dans la zone caféière, zone marquée par des situations de violence importante depuis longtemps. En effet, cette zone est le lieu d'affrontements entre guérilla et paramilitaires, mais aussi de tous les conflits liés à la culture d'une des principales ressources d'exportation de la Colombie, à savoir le café. Ainsi beaucoup de Colombiens vivant en France en viennent à entendre parler de ce village de Santuario pour la première fois ici même. Cartago a connu une première vague importante il y a 20-25 ans, puis cette première vague a ensuite fait venir amis et famille. Une agence de voyage s'était même spécialisée dans ce voyage vers Paris dans les années 80 ; on a ainsi compté jusqu'à une cinquantaine de cartagueños (habitants de cartago) sur un même vol. Bien entendu, ces arrivées en nombre étaient en général ponctuées par de grandes fêtes de départ, puis à Paris des grandes fêtes de bienvenue. La venue des Santuareños (habitants de Santuario) s'est réalisée de façon plus tardive semble-t-il, mais sur le même schéma, les premiers arrivés faisant venir famille et amis. Parmi les plaisanteries répandues à Paris concernant les santuareños, on peut entendre par exemple que à Santuario on ne paye pas en pesos colombiens mais en euros. Ou bien encore que sur place il ne reste que le maire et le curé (ce qui n'est bien évidemment pas le cas, j'ai été vérifier l'été dernier !!…)

Bien qu'il n'y ait pas de véritable étude statistique de cette population, les recensement montrent cependant qu'il s'agit d'une immigration légèrement plus féminine (en 1999, 6139 femmes pour 4844 hommes, soit 60%/40%), ce que l'on retrouve dans tous les espaces nationaux d'immigration. Et ce sont en général des personnes âgées de 18 à 40 ans, bien que de plus en plus font venir le reste de leur famille - soit leurs parents ainsi que leurs enfants. Les raisons de l'immigration Celles-ci sont multiples, et varient dans le temps. Certains individus peuvent par exemple chercher à fuir un environnement social qu'ils jugent trop contraignant. Ce sont en général des individus plutôt jeunes, qui effectuent ainsi une espèce de rite de passage à l'âge adulte. Ces personnes pensent venir pour quelque temps connaître l'Europe, puis éventuellement rentrer ensuite en Colombie avec leur nouveau statut d'adulte ayant voyagé en Europe. Beaucoup cherchent aussi l'accès à certaines ressources plus difficiles et plus longues à obtenir en Colombie. Il s'agit parfois de réunir de quoi rembourser une dette, de quoi réunir un capital pour un projet économique précis, de quoi finir de payer une maison, etc…. En tout état de cause, ce ne sont jamais les plus démunis qui émigrent, car la migration nécessite un minimum de capital, aussi bien économique que social (connaître qui le recevra en arrivant, ou qui lui prêtera l'argent nécessaire au voyage, etc.) Il y a bien évidemment les gens qui fuient aussi la violence, aussi bien la violence politique que la violence quotidienne. Mais dans la grande majorité des cas, la migration est appréhendée comme une situation provisoire, pour une temporalité plus ou moins longue selon les cas et les individus. Avec le temps, cette appréhension de la temporalité fera évoluer le projet initial qui sera régulièrement réactualisé.

L'installation en France Comme je le disais précédemment, l'existence de réseaux est primordiale, et c'est ce qui explique la présence de ces 2 grands groupes que sont les Santuareños et les Cartagueños : on vient où on arrive en France parce que l'on y connaît une personne de sa famille ou un ami qui y habite et qui pourra collaborer, au moins à l'arrivée, pour le logement et pour le travail. On a ainsi des familles entières vivant à Paris, les premiers venus (qui sont arrivés chez des amis) faisant venir le reste de la famille. Ce sont d'abord bien entendu l'époux ou l'épouse, éventuellement accompagné des enfants à qui on envoie le billet d'avion, puis les frères et sœur, des cousins, mais aussi les parents. Il existe ainsi de véritables filières de prêt d'argent avec intérêt ici en France, relayées en Colombie, filières évoluant au gré des circonstances. Ou encore on forme des chaînes : je fais venir une belle sœur qui elle-même enverra de quoi faire venir son époux, qui enverra pour un autre frère, etc..

Il faut signaler dès maintenant que plus le nombre d'individus de la famille sera important en France, moins la question du retour se posera de manière forte. Quand on arrive, ce sont donc chez ces amis ou la famille chez qui on habite. La cohabitation peut être plus ou moins longue, selon la relation que l'on a avec l'hôte, selon l'espace dont il dispose mais surtout selon les possibilités du " marché " de l'immobilier. De même, c'est cette même personne qui servira de ressource dans la recherche d'un travail, ou du moins pour trouver des contacts qui permettront de mettre en relation avec un employeur éventuel. Les emplois concernés sont en majeure partie les emplois domestiques pour les femmes, et la peinture en bâtiment pour les hommes, ou encore le nettoyage industriel, pour les uns comme pour les autres. Ce sont traditionnellement les activités qui ne rechignent pas à utiliser du travail au noir, ce à quoi sont contraintes les personnes qui sont en situation irrégulière sur le territoire français. Mais aussi activités traditionnellement délaissées autant par les autochtones que par les groupes arrivés depuis plus longtemps.

On parle en effet d'un second marché du travail, dans lequel se retrouvent le plus souvent les groupes minoritaires nouvellement arrivés, et qui ne concurrence en rien le marché du travail des nationaux ou des groupes plus anciens sur le territoire. Il est cependant intéressant de noter que le fait de régulariser sa situation administrative n'est pas nécessairement synonyme de recherche d'un autre type d'emploi, ces secteurs permettant de bons salaires. Mais ce qui jouera principalement sur la tentative de pénétrer l'autre marché du travail, socialement plus valorisé, c'est la redéfinition du projet migratoire. Autant les femmes travaillent en dehors du groupe national, les hommes travaillent au contraire beaucoup avec leurs compatriotes, des individus arrivés depuis plus longtemps et ayant réussi à régulariser leur situation, se trouvant à la tête de petites entreprises de bâtiment. Mais cet entreprenariat ethnique, loin d'être le lieu de rapport de confiance, se trouve au contraire souvent un lieu d'exploitation et d'abus, au moyen de salaires très tardivement et même régulièrement jamais payés. Il n'existe ainsi presque pas un travailleur colombien n'ayant pas été un jour ou l'autre confronté à un patron qui ne l'a jamais payé, ces patrons étant souvent des compatriotes, mais non exclusivement. Et bien que beaucoup de bruits courent sur le fait qu'ils doivent alors se rendre au pays en se cachant pour ne pas avoir de problème sur place, ils continuent à se mouvoir tant dans l'espace colombien que français sans être particulièrement inquiétés, puisque de toute façon ce sont eux qui sont les principaux pourvoyeurs d'emploi.

La sociabilité Il faut d'abord signaler des relations assez peu institutionnalisées entre la plus grande partie de Colombiens vivant en France. Il existe ainsi très peu d'associations, et encore moins qui fonctionnent de façon régulière. La sociabilité se réalise beaucoup plus de façon informelle, au travers de soirées salsa publiques ou de réunions privées, de rencontres sportives (tournoi de foot jusqu'au 20 juillet), par l'intermédiaires des tiendas ou des restaurants et cantines colombiennes, où l'on se retrouve le week-end ou à l'occasion d'évènements relatifs à la Colombie ou plutôt à la " grandeur " colombienne : matchs de foot, courses de Montoya, etc… Cette sociabilité sera plus ou moins tournée vers la ou les " colonies " colombienne selon le mode d'introduction dans la société français, mais aussi selon les habitudes antérieures de socialisation, et surtout selon le projet migratoire.

En effet, les projets relatifs à l'émigration, donc au départ de Colombie, sont divers : on trouve dans cette immigration des projets qui étaient de type migration de déplacement, où le but est de vendre temporairement sa force de travail dans un espace différent de sa société d'origine, afin d'acquérir une masse monétaire, pour rembourser une dette, ou pour la réinvestir dans l'espace d'origine. On vient ainsi avec l'idée de travailler dur pendant 2 ou 3 ans, afin d'accumuler de quoi s'acheter une maison et investir dans sa propre affaire dès le retour en Colombie. On trouve aussi des projets de mobilité sociale différée, où le but est cette fois d'accéder à un nouveau statut social dans la société d'origine grâce à l'accumulation monétaire, et qui passe par une expatriation provisoire. Enfin un troisième type de projet vient de la volonté de quitter le travail et l'espace d'origine, de s'établir définitivement et non de rester dans une occupation provisoire. Pour les deux premiers types de projet, il s'agit juste pour les individus d'un déplacement provisoire hors de son espace d'origine. Les difficultés liées à la langue, aux différences de codes, mais aussi aux assignations identitaires de domination, formulées par la société d'accueil (difficultés de compréhension affichées à l'écoute d'un accent qui renvoie l'individu à " tu es un étranger ") ne poussent alors pas les individus à rentrer en contact plus que le nécessaire avec les membres d'une société où l'on ne pense de toute façon pas s'établir. Et même quand le temps de présence en France se rallonge, il ne signifie pas obligatoirement abandon total du projet initial. De nombreux individus préfèrent alors centrer leur sociabilité sur leur groupe colombien. De plus, la douleur de " l'exil ", la séparation d'avec ses proches et d'avec le monde où l'on a grandit, entraîne les individus à resserrer les relations avec son groupe national d'origine, d'autant plus que ce groupe est issu d'un espace géographique très localisé. Si par contre le but est de se libérer, au moins en partie, du contrôle social de sa société d'origine, il y aura beaucoup plus d'ouverture vers le groupe majoritaire des Français ou des autres groupes ethniques en France depuis plus longtemps. Si la période d'arrivée sur le sol français joue elle aussi beaucoup (il y a 20 ans il y avait beaucoup moins de Colombiens en France, et donc plus d'occasions de rencontrer des non colombiens), ce n'est pas non plus une condition sine qua none. Enfin selon le type de relations sociales dans lesquelles on a été socialisé (différence de sociabilité entre les villes et les villages par exemple, où le contrôle social et la vie communautaire sont plus ou moins forts), on aura tendance à reproduire ce mode sur le sol français. Les Cartagueños et les Santarueños étant numériquement important sur le sol français, on assiste à la formation de groupes plus serrés venant de ces régions.

Cette courte temporalité du projet est aussi une des raisons de l'intérêt relatif affiché pour le document officialisant la présence en France - la carte de résident (contrairement à d'autres groupes d'immigrants, il n'y a aucune gène à annoncer sa situation d'illégalité, et ce à n'importe quel étranger -ou presque). Mais le séjour se prolongeant, la mise en place de stratégies d'obtention de ces papiers va prendre de l'ampleur, puisqu'ils deviennent le sésame pour pouvoir aller et venir entre la Colombie et la France, et ce d'autant plus que le passage devient de plus en plus difficile. D'autre part, les individus vont aussi rapidement intégrer les injonctions de domination et d'exploitation que sous-tendent ces papiers, puisqu'ils vont les obliger à accepter ces situations sans protester par peur de la reconduite aux frontières (reconduites qui sont cependant très rares pour les Colombiens, nombreux se faisant contrôler sans papiers et aussitôt relâchés par la police)

Ce n'est qu'avec la réinterprétation et l'évolution du projet de départ que les individus pourront éventuellement se détacher au moins en partie du groupe, ou tout au moins ouvrir les espaces de sociabilité. Cette réinterprétation se fait en général au travers des enfants, qu'ils soient nés en France ou qu'ils soient arrivés déjà un peu plus grand, mais surtout quand ils sont scolarisés, devant les possibilités d'études que la France leur propose. Mais aussi, et surtout, devant le manque de réelles possibilités de retour.

En effet, ce que les autres immigrations ont montré avant tout, c'est que le retour ne peut se faire que si la société d'origine est à même de proposer des conditions socio-économiques favorables à ces anciens émigrants, et ce rapidement avant que le processus d'intégration ait commencé à se réaliser. En effet, si quelques individus rentrent effectivement en Colombie, la majeure partie ne va jamais rentrer, certains de ceux qui sont rentrés tenteront même de revenir au bout d'un certain temps.
* Communication d'une thèse en fin de réalisation

 
 
 
 


"Logique d'Etat et construction d'une catégorie d'exilés: les déplacés en Colombie"
Sterenne Le Delliou

Parce que desplazado ne correspond à rien en particulier mais à tout en général et parce que ses composantes hétérogènes et la multiplicité des combinaisons contextes-motifs-agents du déplacement, rendent impossible une définition unitaire, la construction de cette catégorie d'exilé s'accompagne d'un tracé poreux et flou de la frontière qui définirait l'identité sociale des déplacés.
La notion de catégorie, davantage que celle d'identité, de groupe, de classe ou d'ethnie apparaît comme la seule forme de classification adéquate. Elle permet d'appréhender l'objet sous plusieurs angles sans que soit exigé une définition exhaustive et définitive de ce que contient cet objet. Résultat d'un processus de catégorisation imposé en général par les Autres, le secteur humanitaire, l'État, et le reste de la société, la catégorie desplazado est en partie une condition, un statut, une étiquette, une arme mais elle ne stimule pas encore l'auto-identification sauf pour des raisons pragmatiques d'assistance, et elle ne constitue pas encore un fond de mémoire.

Les résultats de mon enquête de terrain m'ont permis de dégager plusieurs aspects de la catégorie: catégorie descriptive d'un phénomène de migration forcée, elle défie les typologies traditionnelles ; catégorie opérationnelle et fonctionnelle des registres de l'administration publique, elle est lié à une logique rationnelle d'une action politique qui a néanmoins des fondements ambigus et une application aléatoire ; catégorie structurelle elle connote une condition sociale sans remise à niveau possible.

En tant que catégorie descriptive d'un phénomène de migration forcée, il semble que le terme de desplazado n'est pas excluant d'une diversité de contextes, d'acteurs, de victimes, de modalités et de trajectoires de déplacement. Desplazado serait alors le terme englobant tous les cas de personnes vivant dans des conditions de vie physique ou biologiques insoutenables, acculées au départ ou forcées de fuir leur lieu d'origine, que ce soit directement lié à une dimension purement politique - un engagement politique de la personne, un contexte d'affrontement armé, une persécution personnelle - ou que la dimension politique du fait à l'origine du déplacement dissimule une dimension socio-économique structurelle - les acteurs du conflit agissent pour asseoir leur domination territoriale par la confiscation des pôles économiques, mais également pour le compte des propriétaires terriens ou la réalisation de grands travaux d'infrastructure - que la personne soit victime directe d'un acte de violence ou qu'elle soit mobilisée par un sentiment général de peur. Le champ d'application du terme serait beaucoup plus large que celui conféré par les définitions officielles nationales et internationales, explosant ainsi un certain nombre de cloisonnements typologiques. Non seulement la dichotomie classique entre déterminants politiques et déterminants économiques est dépassée, mais la distinction entre migration interne et externe est elle aussi mise en sourdine.

Dans le contexte colombien le migrant dit économique obligé de quitter son lieu d'origine parce le groupe armé contrôlant la zone lui interdit d'exercer son métier, le persécuté politique, le réfugié statutaire ou le déplacé tel qu'il est défini dans les Principes Directeurs sur le Déplacement Interne ou dans la loi 387, tous s'intègrent à la catégorie de desplazado qui caractérise un contexte de terreur et de guerre prolongée dans lequel surviennent différentes formes d'expulsion violente. Dans le cas colombien la distinction habituelle entre les déplacés et les réfugiés sur le critère du franchissement d'une frontière internationale, devient plus souple en raison de la fuite dans les pays limitrophes de milliers de colombiens. Même si dans les faits se sont des réfugiés, ils conservent l'appellation de desplazados colombianos, ne pouvant pas accéder au statut de réfugié politique. Les déplacés, constituent en quelque sorte le côté inverse, la face obscure du problème des réfugiés. Ils sont donc des réfugiés en tout sauf le nom : ce sont des apatrides de fait, des réfugiés de l'intérieur, ou même des réfugiés de fait. Cependant à trop insister sur les qualités générales et englobantes de la terminologie, permettant de mettre l'accent sur l'unité plutôt que sur l'extrême hétérogénéité du phénomène migratoire en Colombie, on en vient à effacer la spécificité du déplacement interne c'est-à-dire l'attaque des populations civiles dans un climat de terreur généralisée. La catégorisation devient alors un instrument de distinction nécessaire entre les déplacés et les autres. J'ai voulu dans mon mémoire appuyer mes analyses sur la gravité de cet exil interne par rapport à l'exil politique externe ou à une migration spontanée, en insistant sur la vulnérabilité spécifique du déplacé. Ce dernier cumule les difficultés du migrant économique et du réfugié que sont la précarité économique, l'expulsion automatique du territoire d'origine et la dépossession des biens mais ils ne possède aucun avantage relatif.

En effet le déplacement ne résout par le problème de souffrance, d'insécurité, de harcèlement et de persécution et engendre une forte vulnérabilité à cause du déracinement, de la perte du foyer, du travail et des effets personnels. La mise en évidence des causes, et du contexte du déplacement interne, m'ont permis de souligner la complexité d'une situation de guerre où la population civile empêchée de garder sa neutralité est prise entre deux feux et est réduite à l'état de pion dans un jeu sordide entre les clans ennemis d'un même pays. Les déplacés ne sont plus les produits annexes d'une guerre mais le but ouvert de cette guerre. De là le stigmate permanent subi par ces populations accusées de part et d'autre de faire acte d'allégeance à l'adversaire. Les caractéristiques du déplacement interne sont donc spécifiques mais il apparaît que seul le domaine juridique puisse définir une véritable frontière entre les déplacés et ceux qui ne le sont pas. Si la définition de la loi 387 est large et permet à un grand éventail de la population de répondre potentiellement aux critères de la catégorie, en pratique, les procédures administratives parfois interminables et la prise en compte de critères imprécis dans l'octroie de la certification, réduisent le nombre des élus. Le critère de la modalité de l'expulsion est alors fondamental pour distinguer les déplacés des migrants à nécessité économique, si l'on se place au niveau des conséquences morales et psychologiques particulières du déplacement forcé. La fuite précipitée et la rupture traumatique est d'ailleurs ce qui spontanément permet aux déplacés eux-mêmes d'avoir le sentiment de partager une tragédie commune. Mais c'est surtout en raison de la possibilité d'obtenir une aide grâce au statut de desplazado, que la frontière juridique est investie dans le discours des déplacés comme gage d'appartenance à une même catégorie.

La différenciation légale entre les ayants droits et les autres - les "pauvres historiques", les "faux déplacés" - est alors un enjeu de lutte identitaire, même si la catégorie de desplazado ne constitue pas une identité collective effective. On peut penser qu'au bout d'un certain temps d'installation, la classification issue de cette catégorie juridique devient peu à peu artificielle dans la mesure où dans la ville, les besoins des déplacés rejoignent ceux des "pauvre historiques". La légitimité de la discrimination positive impulsée par une politique ciblée sur un secteur de la pauvreté est alors mise en question car beaucoup de colombiens non déplacés ont également droit à une vie digne. La catégorie desplazado est donc bien le fruit d'une élaboration juridique commandée par une politique d'État. La catégorisation reconnaît les personnes comme victimes et signifie en principe la prise en charge des dommages subis jusqu'à la récupération intégrale, mais elle contribue fortement à installer les personnes désignées dans une condition marginale. Elle institutionnalise la dépendance d'un secteur et cristallise le stigmate de la violence - la subversion et la dangerosité - et celui de l'illégalité liée à la misère - la délinquance, la souillure, les rendant infréquentables - sans susciter en retour une grande capacité organisationnelle autour de la notion.

J'ai voulu montrer dans ce mémoire que si la prise de responsabilité de l'État face à la tragédie humaine du déplacement forcé interne crée un nouveau statut de dominés, elle a surtout pour conséquence de renforcer un processus d'enfermement et d'exclusion sociale déjà à l'œuvre. La catégorie juridique ne fait qu'entériner un processus d'enracinement physique et symbolique dans une condition d'exilé perpétuel. Bien plus qu'un problème de mobilité géographique, le déplacement met en jeu la question d'une place sociale presque introuvable. En dépit du caractère transitoire du statut juridique qui place le phénomène du déplacement interne sous le signe de la contingence, la catégorie desplazado est structurelle. Elle nomme une condition sociale frappée d'inhumanité car elle revêt du double aspect de l'arrachement brutale et traumatique et du dénuement total. En définitive, c'est la combinaison de ces deux éléments qui constitue le socle sur lequel repose toutes les trajectoires individuelles incluses dans la catégorie ; et cette combinaison alimente la durabilité de cette dernière. La durabilité du sentiment d'exil, liée à la perte et au souvenir ineffaçable du territoire géographique et social d'origine, est commun à tout type de migration. Mais les migrations dans le contexte colombien et les conditions particulières qui se sont présentées dans les années 1980 ont fait que le déplacement est ressenti comme une répétition de l'Histoire, celle d'une guerre sans merci livrée contre la population civile.

La contextualisation des différentes histoires de déplacement laisse souvent la place à une explication qui échappe à la maîtrise individuelle: il s'agit d'une malédiction qui s'abat sur la population civile et dont elle ne peut se délivrer que par une inversion miraculeuse du châtiment. Cette dimension mythico-historique combinée avec la virtualité de la notion de refuge dans un contexte global d'insécurité, contribue à la formation d'une catégorie de personnes qui ressentent la menace constante d'un renouvellement possible de l'expérience de déplacement. Si le déplacement a déjà eu lieu, c'est qu'il pourra à nouveau survenir. On peut alors imaginer qu'il se forme des déplacés de génération en génération. Non seulement le parcours d'exil semble toujours inachevé mais la rupture économique, sociale et politique détruit tous les mécanismes de reconnaissance sociale de l'être humain. Les déplacés tombent durablement dans le gouffre de la misère avec l'incertitude sur le moment où ils pourront refaire surface. La précarité et l'instabilité à laquelle ils sont condamnés sont non seulement caractéristiques d'une sous-classe sociale mais également d'une catégorie d'exilé interne dans le contexte colombien.

Il semble que selon des critères objectifs - les obstacles économiques et sociaux à une intégration urbaine différente du mode de la survie et la stigmatisation politique et sociale - et dans la mentalité des déplacés, on cesse rarement d'être déplacé. Ce n'est sûrement pas la durée d'installation dans la communauté de réception, ni la fin de la durée légale de l'aide étatique qui favorisent la sortie de la catégorie. En tant que problème intégral, le dépassement de la condition du desplazado nécessite la prise en compte de tous les domaines de réparation possible: compensation économique, reconnaissance sociale, acceptation politique, récupération morale. Les obstacles à la réalisation de ces objectifs semblent dictés par le poids d'une actualité vivante du déplacement. La guerre ne cesse de s'intensifier, le déplacement suit et ne cesse de croître. Les politiques déjà insuffisantes risquent de devenir de plus en plus précaires. De plus en plus contradictoires également car la prévention du déplacement forcé est inexistante : le flux continu et accéléré de déplacés s'entassant aux limites des agglomérations urbaines ne peut être stoppé et parallèlement, les personnes déjà déplacées depuis plusieurs années n'ont pas encore trouvé de porte de sortie à leur condition.

Ayant soulevé les spécificités du déplacement forcé colombien, on peut se demander si la catégorie de desplazado telle qu'elle est définie dans le contexte colombien se prête à la description et à l'analyse d'autres contextes migratoires. . En dépit des ingrédients qui présageraient une explosion de ce drame social, ce sujet ne constitue pas une préoccupation prise à sa juste importance par les gouvernements, il n'est pas compris dans l'agenda des négociations avec les groupes armés, il n'apparaît pas dans les débats du Congrès ni dans les programmes politiques municipaux et n'est pas un motif de dénonciation dans les manifestations de la société civile. La catégorie desplazado est à la fois éminemment visible et humainement invisible. Elle décrit en effet un phénomène démographique et migratoire de grande ampleur, source de bouleversements capitaux pour le pays. Mais elle caractérise également des individus mis entre parenthèses dans la hiérarchie sociale, en marge des circuits de participation civile, en dehors des mécanismes permettant d'accéder à l'autonomie, à la limite du champ d'application du droit, dans les contours de la légalité et dans les interstices de la vie urbaine. Il s'agit d'une catégorie liminale, superflue et à la limite inexistante dont il semble difficile de se libérer. Et cela d'autant plus qu'elle porte de façon très limitée les ferments d'une identité collective qui puisse être contestée en situation d'interaction de façon à retrouver une place dans ce monde. Les dynamiques du champ social, politique et économique de la Colombie actuelle offrent un véritable terrain d'incertitude sauf pour les scénarios les plus pessimistes.

Dans ces conditions, les organisations de déplacés vont-elles évoluer vers une consolidation interne grâce au renforcement d'une philosophie citoyenne permettant aux déplacés de devenir membres à part entière de la société civile? La toute jeune Coordination Nationale des associations de déplacés va-t-elle permettre au contingent hétérogène des déplacés de se penser collectivement et d'être considéré comme interlocuteur légitime des autorités? Pour l'instant ces interrogations se perdent dans l'incertitude de la conjoncture et semblent faire référence à une réalité souhaitable mais improbable. Nous avons vu dans ce mémoire que pour le moment, le seul champ où la catégorie de desplazado fonctionne comme référent identitaire est l'action politique ponctuelle. Comment dès lors, la condition critique du desplazado et la dimension mythique et fataliste du déplacement peuvent être renversés par l'élaboration d'une nouvelle identité dans l'exil qui puisse contribuer à la recherche d'une stabilité socioéconomique?

Étant donné la diversité de ses membres, la méfiance qui caractérise les relations internes, et la prépondérance des stratégies individuelles de survie, la catégorie desplazado ne contient pas les éléments nécessaires à la construction d'une communauté nationale de déplacés car, comme le souligne Martine Hovanessian : "la construction du communautaire (…) sous-entend l'existence d'espaces stables et figés et dessinant les contours d'une micro-société." On peut se demander si l'enfermement durable dans une catégorie d'exilé de l'intérieur sera amené à se prolonger sur plusieurs décennie et si dans ce cas il pourrait s'élaborer un "sens" communautaire, dans la mesure où ce dernier relève plutôt d'une proximité imaginée que d'une forme instituée d'appartenance.

Ce terme de "sens" communautaire est utilisé par Martine Hovanessian pour désigner les dynamiques du lien communautaire chez les Arméniens en France et permet de comprendre le maintien du lien collectif malgré la "perception d'une anomie communautaire" . Il reste que le contexte et les formes particulières du déplacement forcé interne en Colombie n'offrent pas de référent mythique fort comme celui de l'unité nationale chez les arméniens de la diaspora et ne permet pas la constitution d'une autre mémoire que celle du survivant d'une rupture catastrophique et celle du damné par une malédiction éternelle. Les déplacés sont des citoyens colombiens certes virtuels mais dont l'avenir ne peut se lire que dans la réincorporation à la Nation.

 
 
 
 

"El individuo frente a la responsabilidad colectiva del Éxodo - Una meditación filosófica a partir de un texto de Hanna Arendt"
Alberto Bejarano

Qué es una lectura filosófica? Nuestro objetivo es introducir la filosofía como una creación de conceptos. Al lado de la creación esta también la historia misma de la creación de conceptos. Para Foucault: "el objeto, el fin de (la lectura filosófica) no es de tener conocimiento de la obra de un autor; ni tampoco profundizar una doctrina. Se trata esencialmente a través de la lectura, -y en todo caso ese es su objetivo principal- de dar una ocasión de meditación " [1]
Esta ocasión de meditación nos hace pensar en nuestro rol como ciudadanos, no solamente como miembros de la Academia. Así, según Jaspers: " la primera exigencia filosófica, cuando nos ocupamos del tema de la culpabilidad es trabajar sobre si mismo con el objeto de controlar la susceptibilidad de reconocerse como culpable " [2] Para el filósofo francés Gilles Deleuze una lectura filosófica es una creación de conceptos. Para él: " la historia de la filosofía debe, no repetir lo que ha dicho un filosofo, sino decir lo que éste sobre entendía, lo que éste no decía y que no obstante está presente en su obra " [3]

La responsabilidad colectiva El origen del texto de Arendt se encuentra en un artículo aparecido al final de la segunda guerra mundial, escrito en 1946, el mismo año de la publicación en Alemania del libro del filósofo alemán Karl Jaspers titulado: " la cuestión de la culpabilidad ". En los dos casos, se piensa la culpabilidad en la esfera individual. Esto no significa desconocer la importancia de lo que los dos filósofos llamaron: " la responsabilidad colectiva ". De acuerdo a Arendt : "yo intento trazar una línea de división más neta entre la responsabilidad política (colectiva) de un lado, y la culpabilidad moral y-o jurídica de otro, y pienso sobre todo en todas esas ocasiones donde las consideraciones morales y políticas entran en conflicto. Me parece que la gran dificultad, tratándose de estas cuestiones, reside en la ambigüedad de las palabras que utilizamos para debatir, es saber si es cuestión de moral o de ética. Estas dos palabras no designan originalmente nada diferente a los usos y costumbres, y luego, en un sentido más profundo, se refieren a los usos y costumbres que más convienen a los ciudadanos. Desde la ética a Nicomaco< /I> hasta Cicerón, la ética o la moral perteneció a la política, a esta parte de la política que trataba no de las instituciones sino de los ciudadanos, y todas las virtudes griegas o romanas son virtudes netamente políticas. La cuestión no es saber si un individuo es bueno, sino si su conducta conviene al mundo donde vive. " [4]
Igualmente para Jaspers: " se trata de saber en que sentido se puede juzgar una colectividad y en que sentido juzgar solamente a un individuo. Se puede sin ninguna duda considerar a los habitantes de un estado como responsables de las consecuencias que tienen los actos de ese estado. En este caso es una colectividad la que esta concernida. Pero esta responsabilidad es definida y limitada y no implica la inculpación moral o metafísica de los individuos…frente a los crímenes, solo los individuos pueden ser castigados, o por que hayan actuado solos, o porque tengan cómplices…en cambio, no tiene sentido inculpar de un crimen a todo un pueblo. Un criminal es siempre un individuo. Tampoco tiene sentido acusar moralmente a un pueblo. No existe carácter propio a un pueblo, más allá del de cada uno de sus ciudadanos. Cierto, existen al interior de un pueblo, elementos comunes como la lengua, las costumbres y los hábitos, y un mismo origen. Pero al mismo tiempo, existen diferencias tan profundas que hombres que hablan la misma lengua pueden ser entre ellos tan o más extranjeros que si fueran en verdad de otros países." [5] Esto implica distinguir más claramente la culpabilidad (de un individuo) y la responsabilidad colectiva.

Si nosotros permanecemos en el terreno del individuo - y este es nuestro interés- es interesante continuar las huellas de Jaspers a propósito de la culpabilidad Para Jaspers: " hay forzosamente culpabilidad colectiva en tanto que responsabilidad política de los habitantes de un Estado, pero esto no significa automáticamente una culpabilidad colectiva moral o metafísica, ni una culpabilidad colectiva criminal. " [6] Hay entonces diferentes tipos de culpabilidad.

Cuatro nociones de culpabilidad
En un texto del filosofo alemán Karl Jaspers, antiguo profesor de Ana Arendt, publicado en 1946 : " la cuestión de la culpabilidad " se plantea en términos de lo que el llama la " solitaria existencia del hombre moderno ". Según Jaspers, existen cuatro nociones de culpabilidad :
1. " la culpabilidad criminal. Los crímenes son constituidos por los actos objetivamente establecidos que contravienen leyes unívocas. " [1]
2. " la culpabilidad politica. Reside en los actos de los hombres de Estado y en el hecho que, el ciudadano de un estado, debe asumir las consecuencias de los actos acometidos par ese Estado, en la potencia a través de la cual yo estoy subordinado y bajo cuyo orden vivo. " [2]
3. " la culpabilidad moral. Los actos que yo cumplo me hacen siempre moralmente responsable. " [3]
4. " la culpabilidad metafísica. Si yo no arriesgué mi vida para tratar de impedir el asesinato de otros hombres, si yo no lo intenté, yo me siento culpable en un sentido que no puede comprenderse de manera adecuada, ni jurídica ni política ni moralmente" [4]

Sin embargo, después de la lectura de los dos textos de Arendt y Jaspers, es evidente que la segunda forma de culpabilidad (la culpabilidad política) esta estrechamente ligada a la responsabilidad colectiva o política. Así cuando Arendt señala que " ningún criterio moral, individual y personal no podrá despojarnos de la responsabilidad colectiva " [5], esto quiere decir que un individuo es responsable en tanto que individuo, no solamente por su pertenencia a una sociedad cualquiera, sino sobre todo por su comportamiento frente a la situación política de su país. Existe una diferencia importante entre las tres primeras nociones de culpabilidad y la culpabilidad metafísica. Allí no se trata de un juicio particular de un individuo con respecto a su compromiso político. Arendt nos recuerda que : " cada gobierno asume la responsabilidad de los actos y de los errores de sus predecesores, y cada nación asume la responsabilidad de los actos y de las malas actuaciones del pasado…en este sentido, nos tienen siempre como responsables de los pecados de nuestros padres, de la misma manera en que recolectamos los laureles de sus meritos, pero no somos de ninguna manera culpables de sus errores, ni moral ni jurídicamente, de la misma manera que no podemos imputar a sus acciones nuestros propios meritos." [6] Yo soy culpable metafísicamente en tanto que ser humano, he aquí el tema principal para Jaspers. Para él: " ser culpable en un sentido metafísico, es faltar a la solidaridad absoluta que nos liga a todo ser humano. Este sentimiento de culpabilidad queda en nosotros como un llamado inextinguible, aun allí donde la exigencia moral pierde su sentido. " [7]

La cuestión de la culpabilidad Para el caso colombiano, deberíamos plantearnos preguntas que involucren el rol del individuo frente a la responsabilidad colectiva que implica el conflicto armado, teniendo en cuenta las diferencias fundamentales entre los colombianos entre si. Una tarea no despreciable ya que el rol de un individuo frente a la responsabilidad colectiva depende justamente de una situación personal, en la mayoría de casos. Casi todos los colombianos han sido afectados por la guerra, de una manera o de otra. Pero esta expresión: " de una manera o de otra " es justamente inadecuada para nuestro tema. En principio una nación se construye con los dolores y los sufrimientos compartidos. Al mismo tiempo es necesario tener en cuenta las diferencias de vida. Jaspers escribía sobre el caso de la Alemania nazi: "otra diferencia fundamental entre nosotros, es la manera como esta tragedia nos afecta. A pesar que nos sea común a todos, difiere al extremo, en aspectos particulares, de medida y de naturaleza. Nuestros familiares y nuestros amigos han desaparecido. Nuestras casas están en ruinas. La propiedad esta destruida. Ciertamente cada uno tiene sus propias preocupaciones : fuertes restricciones, dolores físicos, pero es algo completamente diferente tener su casa o sus cosas, o vivir después de que las bombas lo han destruido todo ; Es aun muy diferente si se ha sufrido en combates en el frente o en la casa… casi todo s hemos perdido a uno de nuestros familiares o amigos ; pero la manera como los hemos perdido, en el frente bajo las bombas, en un campo de concentración o en un asesinato en masa ordenado pro el régimen, implica actitudes interiores muy divergentes… la miseria es variada y la mayoría de personas no se preocupan que de su propia situación." [8] La actitud individual frente al éxodo en Colombia tendría entonces una relación directa Con el origen del sufrimiento personal.

El emigrante exterior y el emigrante interior. Jaspers introduce une noción nueva, para hablar de éxodo o de exilio. Tratándose del individuo, hemos dicho que en un sentido político, en un primer momento, la noción mas apropiada era la del exilio. A pesar de ello, Jaspers nos habla de emigrante exterior y de emigrante interior. Mi hipótesis es que la noción de emigrante va más allá de una condición económica. ¿Vale la pena retomar esta noción? Según Jaspers: " cada uno de nosotros esta obligado a meditar sobre su propio comportamiento interior y exterior… actualmente encontramos ejemplos tristes de fugas frente a la culpabilidad gracias a la inculpación reciproca en los debates que tiene lugar entre emigrantes y quienes se quedaron en el interior, entre los grupos que llamamos justamente de "emigración exterior " y de " emigración interior ". Los dos han sufrido. El emigrante: un mundo donde la lengua le es extranjera, el mal del país -simbolizado por la historia de aquel judío que en Nueva York tenia en su cuarto el retrato de Hitler que le recordaba cada día el horror que le esperaba en su patria si el regresaba y que era la única manera para el de resistirse a su deseo de regresar. O de aquel que se quedo en su ca sa: el abandono, la proscripción en su propio país, la amenaza continua, solo en la tragedia; ignorado por todos, salvo por unos pocos amigos para quienes el es un peso suplementario, lo que aumenta su propio sufrimiento. " [9] Desde mi punto de vista, la literatura es muchas veces más sugestiva para expresar los sentimientos que producen estas situaciones extremas. Allí tenemos el ejemplo de Kafka, de Cortázar, de Borges, de Camus!

Reflexiones finales El individuo no puede ser indiferente a la responsabilidad política o colectiva. El riesgo de esta actitud es la perdida del sentido de la política. Aun cuando aceptemos que no es posible establecer culpabilidades criminales o morales en un individuo por actos que no cometió, esto no quiere decir que un individuo sea considerado como un simple testigo de los hechos más atroces. De acuerdo a Jaspers : " refugiándose en un dominio apolítico, corremos el riesgo de excluirnos nosotros mismos de toda especie de actividad eficaz como ciudadano - y sin embargo nunca podremos abolir completamente ciertas implicaciones de la responsabilidad política." [10] Si aceptamos que el silencio y el olvido se impongan en nuestra sociedad, el sentido de la política no será la libertad, sino simplemente un llamado a la seguridad. ¿Estamos dispuestos a sacrificar toda nuestra libertad en un Leviatán? [11] Recordemos finalmente las palabras de Jaspers: " la atmósfera de sumisión implica ya una culpabilidad colectiva. " [12] ¿Qué es lo que el Leviatán ha hecho durante su primer año de gobierno con respecto a los derechos humanos en Colombia? R/ - "porcentaje de avance en el impulso de 100 casos graves de violación al DD HH y al DIH" resultado: 2% [13] - "número de municipios con estrategias de prevención a violaciones a derechos humanos y a DIH implementadas": 7% [14]

[1] " la palabra latina meditatio (o el verbo meditari) traduce el sustantivo griego meletê, el verbo griego meletan…le meletan se refiere a una especie de ejercicio de pensamiento" FOUCAULT, Michel, " l'herméneutique du sujet. Cours au Collège de France. 1981-1982, p 339
[2] Jaspers, Karl, " la culpabilité allemande ", Les éditions de minuit, Paris, 1990, p 111
[3] DELEUZE, Gilles, " Pourparlers ", Les éditions du minuit, Paris, 1990, p 186
[4] Hannah, Arendt, " la responsabilité collective ", dans Politique et Pensée, petite bibliothèque Payot, 1989, p 198
[5] Jaspers, Karl, " la culpabilité allemande ", Les éditions de minuit, 1990, p 54
[6] Jaspers, Karl, " la culpabilité allemande ", Les éditions de minuit, 1990, p 72
[7] Jaspers, Karl, " la culpabilité allemande ", Les éditions de minuit, 1990, p 80
[8] Jaspers, Karl, " la culpabilité allemande ", Les éditions de minuit, 1990, p 37
[9] Jaspers, Karl, " la culpabilité allemande ", Les éditions de minuit, 1990, p 110
[10] Jaspers, Karl, " la culpabilité allemande ", Les éditions de minuit, 1990, p 73
[11] Utilizaremos igualmente el libro recientemente publicado por el profesor Victor Manuel Moncayo, 'El Leviatán derrotado'.
[12] Jaspers, Karl, " la culpabilité allemande ", Les éditions de minuit, 1990, p 87
[13] Informe al Congreso 2003, p 38
[14] Informe al Congreso 2003, p 38

[1] Jaspers, Karl, " la culpabilité allemande ", Les éditions de minuit, 1990, p 46
[2] Idem p 46
[3] Idem p 46
[4] Idem p 47
[5] Hannah, Arendt, " la responsabilité collective ", dans Politique et Pensée, petite bibliothèque Payot, 1989, p 203